Ejemplos ?
-Ya lo sé, y lo lamento, Tal fue, en sustancia, mi conversación con la respetable señora que, desgraciadamente, no puede hoy reñirme por esta delación, doce años ha; es decir, cuando en Santander era de buen tono no haber pisado jamás el campo; cuando los que en él hemos nacido, teníamos que negar la procedencia en estos salones para no producir entre la gente «fina» cierta prevención, que, con frecuencia, rayaba en repugnancia; cuando hasta por las personas de más alta jerarquía se llamaba judío a todo extranjero que tuviera las patillas rubias, o la pinta sospechosa; cuando, en fin, entregado aún este pueblo a sus propios y naturales recursos, atravesaba el período más crítico de su amaneramiento.
Dalias de mil colores, con una profusión extraordinaria, llenan de alegría aquel recinto delicioso. Todo en el interior de la casa respira orden, conveniencia y buen tono.
Dómine mío; maestro él y yo aprendiz... A cada momento, lecciones de lo que es honorable, conveniente, bien, mal, correcto, incorrecto, de buen tono, de mal tono...
Pero bien pronto todo eso desapareció, y la luz, la música, ese curioso y penetrante ambiente de los teatros de buen tono, la proximidad de una criatura bella, que estaba en el palco, sus ojos dulces como un pedazo de cielo, su voz tímida y armoniosa, aquel color diáfano, transparente, sombreado a cada instante por un tenue velo de púrpura, esa emanación exquisita de la pureza, de la inocencia y de la gracia, que subyuga en todas las edades, todo, en un encanto misterioso, se apoderó de mí por completo.
y de no sé cuántas cosas más; he de buscarlos, repito, entre los más sencillos aldeanos del más apartado rincón de la Montaña, contando, por supuesto, con que sabrán otorgarme su indulgencia aquellos señores del buen tono por el crimen de lesa etiqueta que cometo al oponerles, siquiera por un instante, un parangón tan grosero, tan inculto, tan cerril.
Ya habrá conocido el lector, siendo tan perspicaz como yo le imagino, que mi amigo Braulio está muy lejos de pertenecer a lo que se llama gran mundo y sociedad de buen tono; pero no es tampoco un hombre de la clase inferior, puesto que es un empleado de los de segundo orden, que reúne entre su sueldo y su hacienda cuarenta mil reales de renta, que tiene una cintita atada al ojal y una crucecita a la sombra de la solapa; que es persona, en fin, cuya clase, familia y comodidades de ninguna manera se oponen a que tuviese una educación más escogida y modales más suaves e insinuantes.
La digna hija del general San Martín, la señora Balcarce, cuya fisonomía recuerda con mucha vivacidad la del padre, es la que ha sabido dar a la distribución doméstica de aquella casa el buen tono que distingue su esmerada educación.
Los comentarios y las reflexiones son inútiles aquí: la lección se comprende solamente con referir los hechos, harto verdaderos para bochorno de lo que afrancesadamente solemos llamar «sociedad de buen tono».
eniego del largo estudio y las lecturas prolijas a la luz de la nocturna vigilante lamparilla, que acortaron tan temprano el alcance de mi vista y que a llevar antiparras parece que ya me obligan: mas yo, por punto, no quiero ni lente usar todavía, al revés de tantos otros que, aunque más que un lince miran, llevan el lente tan sólo por adorno y monería, y el buen tono y la elegancia hasta en los defectos cifran: defecto y de los mayores que a la humanidad fastidian.
En tiempo de Luis XIV no era del buen tono morir sin pasar por las manos de un jesuita; y el pobrete iba en seguida a alabarse entre sus devotas de que había convertido a un duque y par, el que se hubiera condenado sin su protección.
La segunda cena estaba consagrada a las muchachas de buen tono que, obligadas a renunciar a su orgulloso lujo y a la insolencia ordinaria de su comportamiento, eran obligadas debido a las sumas recibidas, a entregarse a los caprichos más irregulares, y hasta a los ultrajes, de los libertinos.
Dejando por fin a un lado otras varias, cuyas diferencias estriban principalmente en matices y en medias tintas, pero que en realidad se refieren a las castas madres de que hemos hablado, concluiremos nuestro cuadro en un ligero bosquejo de la más delicada y exquisita, es decir, del calavera de buen tono.