borlas


También se encuentra en: Sinónimos.
Sinónimos

borlas

sustantivo femenino plural
Ejemplos ?
Otros, flacos y verrugosos, siguen con las manos en los bolsillos, riéndose de todo y agitando el bastón con borlas de escarlata.
Esc don Manuel Joaquín de Cobos fué autoridad muy popu- lar, y poseo una acuarela de Pancho Fierro que lo representa en traje de cabildante, con sombrero de tres candiles, bastón con borlas y espadín.
Sacó de su gorro de lana con borlas una carta envuelta en un trapo y se la presentó cuidadosamente a Carlos quien se apoyó sobre la almohada para leerla.
Su cinturón era un cordón de grandes borlas, y sus pequeñas pantuflas de color granate tenían un manojo de cintas anchas, que se extendía hasta el empeine.
En efecto, el esplendor de las lámparas de oro, de los candelabros de plata, de los estandartes, de las borlas, de los santos y de los ex–votos, palidecía ante el relicario en que se encontraba don Juan.
Allí fueron los sobresaltos y congojas; tanto que, a no estar muy listo el grave señor de las borlas, se queda sin su presa, que ya andaba en trazas de escurrir el bulto.
Todos los jefes efectivos, y propietarios de los cuerpos, y Plazas, y los Brigadieres, y Generales que tuvieren mando, usarán bastón con borlas de seda negra, y los Ayudantes con sólo un cordón sin borlas, unos y otros aunque tengan grado superior a su empleo, y desde Brigadier inclusive para arriba llevarán el bastón aún cuando no estén en la actualidad empleados.
Nuestros padres todos han recibido las borlas doctorales sin conocimiento de aquellas leyes más palpables que sigue la naturaleza en sus fenómenos: sin una idea de la historia del género humano; sin la más leve tintura de los idiomas y costumbres extranjeras.
De morado terciopelo y brocado de oro, sobre el arnés fúlgido, lleva veste de ricas labores: efes de oro son y lises que deslumbran como soles, y de oro y morada seda lazos, borlas y cordones.
Estaba muy guapa y prendida divinamente. Su abrigo, de crespón blanco con recamos y borlas de plata, era un primor. Cristóbal, con todo, no perdió pie.
Con doña Beatriz Enríquez, que es la cordobesa dama, tan discreta como hermosa, tan buena como gallarda, entra el genovés piloto en una soberbia cuadra, de guadamecí vestida con las molduras doradas, y un estrado de almohadones de terciopelo con franjas, y con grandes borlas de oro sobre alfombras de Granada; mas tan turbado y confuso, que no acierta a hablar palabra, y tan solo en que respira se ve que no es una estatua.
Y siéntame a la orilla de un plácido arroyuelo, a la sombra de un árbol, floridos campos viendo; y en un rincón del cuadro tirados en el suelo, el sombrero, la banda, las borlas y el capelo.