bichoco

bichoco, a

adj./ s. Amér. Merid. Se aplica a la persona o animal que por debilidad o vejez no puede apenas moverse.
Traducciones

bichoco

ADJ (Cono Sur) (= inútil) → useless; (para el trabajo) → unfit to work
Ejemplos ?
Les daba cita a tal hora, tal día, en tal parte, y tampoco faltaban ellos a la cita, pues, desde el primer día, le habían tomado un olor a paliza, capaz de hacer adivinar la hora al más dormilón, y de dar patas de acero al mancarrón más bichoco.
Cuando volvió el chiquilín, le salió al encuentro, bamboleándose, emponchado, y desafinando a raja y cincha con la guitarra y con la voz; el mancarrón, un viejo servidor bichoco, se asustó y volteó al muchacho; don Pedro no vaciló, sacó la cuchilla, y degolló al caballo.
Así de todos, y de cada uno; y a cada recuerdo, esboza don José una discreta sonrisa o una mueca triste; y cuando le toca ensillar uno de los que menos le agradan se resigna, pensando que, en la vida, siempre hay que sufrir, y que el hombre feliz es el hombre de aguante, y que cada cual tiene que cruzar la travesía con el caballo que le haya caído en suerte, pingo guapo, bagual indómito mancarrón bichoco.
Al inglés le picó la curiosidá y, aunque estaba medio bichoco por los años pa meterse en malos pasos, se le remosaba el alma con el recuerdo y se aprestó pa la noche misma.
Un día, a la madrugada, entre la neblina liviana que todavía flotaba encima del suelo húmedo de los bajos, se iba aproximando despacio a una laguna, un mancarrón bichoco despuntando con los dientes las matitas de pasto salado, dando algunos pasos, parándose, volviendo a caminar, hasta que se paró muy cerca de una bandada inmensa de patos dormidos en la orilla.
Todos ofrecían correr, y todos, al oírlos, no tenían más que un caballo de carro, un caballo bichoco, o muy gordo, o muy flaco, como quien dice: «No me tengan miedo, mi cuchillo no corta»; o bien: «Mi mujer es fea, no me la lleven».
Pasarán algunos años más; el zaino andará tirando agua en el jahuel, bichoco, flaco, con la cola en porra, y con abrojos en la crin; haciéndose el sordo cuando oiga sonar el maíz en el morral, y el ciego al ver otro caballo en el pesebre, bien cepillado y rasqueteado, lustroso y demasiado gordo para ser guapo como ha sido él.
Antes que todo, el color del caballo: es el rosillo de don José el resero; o el malacara de don Justo, un vecino fregador, que, cada tric y traque, viene a pedir rodeo; o el zaino bichoco del napolitano Juan -seguro que se habrán mixturado las majadas-, o el ruano de sobrepaso de don Eugenio, que viene a ver los cueros, o el caballo desconocido de algún transeúnte que viene a pedir licencia; y, según la visita, esbozan los ojos del campesino una sonrisa de contento o una mueca de fastidio.
―¿Qué quiere hacerle, cuñao Si se topó ese abogao Con la horma de su zapato? Ha de saber que el Dotor Era dentrao en edá, Asma es que estaba ya Bichoco para el amor.
Los miró pasar el emisario y se sonrió con discreción. A poco andar, encontró a un gaucho muy jinete, que, paciente, galopaba como podía en un animal bichoco.
Apenas sí queda, para que el muchacho vaya a repuntar la majada, un pobre petizo viejo y bichoco que, desde muchos años, vivía jubilado.
En cualquier caso, se debe de tener en cuenta que este coleóptero de tegumento blando y algo más de un centímetro de largo, es denominado en la tierra natal del poeta con el nombre de bichoco de luces.