bermejo

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bermejo, a

(Del lat. vermiculus, cochinilla que se usaba para producir el color grana.)
adj./ s. m. De color rojo intenso, especialmente el pelo o la piel melena bermeja.

bermejo, -ja

 
adj. Rubio rojizo.

Bermejo

 
Río de Argentina, afluente del Paraguay, cuyo curso se bifurca en dos ramas durante más de 400 km; 1 700 km.

bermejo, -ja

(beɾ'mexo, -xa)
abreviación
que es de color rojizo cabello bermejo
Sinónimos

bermejo

, bermeja
adjetivo
1 rubio, rojizo*, rufo, taheño (aplicado al pelo).

bermejo:

rufobermellón, anaranjado, rojo, encarnado, rojizo,
Traducciones

bermejo

vermeil

bermejo

алый

bermejo

vermiglio

bermejo

ADJ
1. (= rojizo) [color] → reddish, ginger; [gato] → ginger (Cuba, Méx) [toro, vaca] → light brown
2. (Caribe) (= único) → matchless, unsurpassed
Ejemplos ?
Y ya sobre la tersa frente posan, ya beben el aliento a las bermejas bocas, como lo chupan las abejas a la fresca azucena y al clavel.
Doquier que fuiste, el Hispano, el Anglo, el Francés, el Belga en ti prefirió a las patrias la rara beldad limeña: coral que perlas abrían era tu boca pequeña, y tu frente y tus mejillas rosas blancas y bermejas; tus ojos resplandecían cual las hermanas estrellas de Géminis luminoso, en luz y en beldad gemelas; tu cuello hermoso y flexible el ave envidiar pudiera en cuyo disfraz fue Jove furtivo esposo de Leda; no hay flor que al beso del aura.
Iban sumergiéndose en golfos de sombra los frescos angelotes, los follajes de oropel y briche, las bermejas rosas artificiales de los tiestos, las estrellas de talco sembradas por el fantástico pabellón de nubes.
¿Por qué roja de sangre luce el alba al ser de nuevos días triste cuna, y orlada de bermejas aureolas, a la América va la casta luna, huyendo de este viejo continente, próximo a ser de sangre una laguna, que meza hirvientes sus purpúreas olas del Ural a las costas españolas?
Ambos pasan por iguales en valor y en osadía, pero en fama de hidalguía no son lo mismo cabales, Que es Juan Ruiz hombre iracundo, silencioso por demás, que no alzó noble jamás el gesto meditabundo. Ancha espalda, corto cuello, ojo inquieto, torvas cejas, ambas mejillas bermejas, y claro y rubio el cabello.
Una, entre otras, a la hora en que el sol poniente Ensangrienta el cielo con heridas bermejas, Pensativa, se sentaba apartada sobre un banco, Para escuchar uno de esos conciertos, ricos en cobre Con los que los soldados, a veces, inundan nuestros jardines, Y que, en esas tardes de oro en las que nos sentimos revivir, Vierten cierto heroísmo en el corazón de los ciudadanos.
Todavía pasó algún tiempo hasta que el médico asomó en la puerta, tarareando un zorcico: Era un viejo jovial, de mejillas bermejas y ojos habladores, de una malicia ingenua: Deteniéndose en el umbral, exclamó: —¿Qué hago?
Con tal antecedente y escarmentado en cabeza del bachiller mi paisano, otro, que no yo, póngase en calzas bermejas, y con el resultado avíseme por telégrafo, averiguando si Adán tuvo o no tuvo ombligo; punto en que la Inquisición no dijo sí ni no, dejando en pie la cuestión.
El adolescente tampoco ganaba: Visto con espacio, parecióme misterioso y extraño: Era gigantesco, de ojos azules y rubio ceño, de mejillas bermejas y frente muy blanca: Peinábase como los antiguos nazarenos, y al mirar entornaba los párpados con arrobo casi místico: De pronto le vi alargar ambos brazos y detener al jarocho, que había vuelto la baraja y comenzaba a tirar.
Y ávisaron me que en ninguna manera diesse a entender a los indios ni conosciessen de mi que yo queria passar adelante, porque luego me matarian : y que para esto era menester que yo me detuviesse con ellos seys meses, que era tiempo en que aquellos indios yvan a otra tierra a comer. Esta es una fruta que es del tamaño de huevos y son bermejas y negras y de muy buen gusto.
Esbelto, magro, musculoso y austero, su afilada cabeza roja era la de un hidalgo altísimo, caballeroso, justiciero y prudente. Agallas bermejas, delgada cresta de encendido color, ojos vivos y redondos, mirada fiera y perdonadora, acerado pico agudo.
Entró con una expresión triste; con una mirada marchitó las coronas, las copas bermejas, las torres de fruta, el brillo de la fiesta, el púrpura de los rostros sorprendidos, y los colores de los cojines arrugados por el blanco brazo de las mujeres; finalmente, puso un crespón de luto a toda aquella locura, diciendo con voz cavernosa estas sombrías palabras: – Señor, vuestro padre se está muriendo.