Ejemplos ?
Llegaron a tanta altura, que las torres de las iglesias se veían al fondo como diminutas bayas rojas destacando en medio del verdor, y su mirada pudo extenderse a muchas, muchas millas, hasta tierras que jamás habían visitado.
Las pequeñas bayas de cartón estallaban, los hilos de latón se retorcían, la trencilla se derretía, y las corolas de papel apergaminadas, balanceándose a lo largo de la plancha, se echaron a volar por la chimenea.
Barrosas y chorreadas, hoscas y bayas, overas y yaguanés, con astas largas y amenazadoras, en sus cabezas grandes; las ancas estrechas y salientes; puro pecho, poco cuarto, y con unas patas largas que más les hubieran hecho ganar un premio en las carreras que en una exposición rural, las vacas del amigo Ortiz eran, como él, de pura sangre criolla.
Ya el coche había arrancado de nuevo cuando de pronto el señor Homais se asomó a la ventanilla y gritó: Nada de farináceos ni de lacticinios. Ropa interior de lana y vapores de bayas de enebro en las partes enfermas.
En aquel campo logramos un espléndido botín: cincuenta vacadas, otras tantas manadas de ovejas, otras tantas piaras de cerdos, otros tantos rebaños copiosos de cabras y ciento cincuenta yeguas bayas, muchas de ellas con sus potros.
Aspudas y bravas, por el mismo color de su pelo hacen pensar en fieras: barcinas o chorreadas como los gatos monteses, barrosas o bayas como el puma, hoscas y yaguanés, pelos raros que las permiten disimularse con más facilidad en el fachinal.
Parece que no vale mucho la pena desafiar los peligros del mar, entre Leghorn y Nueva York, por un cargamento de bayas de enebro y almendras amargas.
Los monos vivían en una armonía perfecta, sin mezclarse con otras bestias y animales, celosos de su independencia y pendientes solamente de su propia felicidad. Durante la primavera recogían flores, frutos durante el verano, en el otoño bayas y nueces, y raíces8 en el invierno.
Mañana recorreremos de cabo a rabo la montaña, recogeremos todos los frutos y bayas que encontremos y daremos un espléndido banquete de despedida a nuestro Gran Rey.
Vi el otro día un barco que había naufragado y se perdieron muchas vidas; su carga y destrozos de bayas de enebro y almendras amargas estaban esparcidos por toda la playa.
Al llegar al arbusto de las bayas rotas, vieron al reno que los aguardaba, en compañía de una hembra con las ubres llenas, que dio a los niños su tibia leche y los besó en la boca.
En lo alto de la arena metido se ha el mar; una playa tiene sólida, que ni las huellas conserva ni retarda el camino ni cubierto esté de alga. De mirto un bosque tiene, sembrado de bicolores bayas.