Ejemplos ?
Ambos maltraídos, con gesto de atroz cansancio, las barbas crecidas y la tez de ese color amarillento que viene de las noches a la intemperie y las mañanas sin aseo.
Muza era alto como una torre. Las barbas, que le llegaban hasta el ombligo, le daban el aspecto de un Goliath. El prestamista, tomándose con la mano un haz de estas barbas, dijo, al tiempo que se las retorcía con colérica frialdad: -¿Qué te has creído?
Estas barbas no crecieron en un parque, estas barbas no crecieron en una playa de verano, estas barbas no crecieron paseando de turistas por el extranjero.
Quieren que nos cortemos las barbas porque ellos no tienen barbas, quieren que nos cortemos las barbas para que andemos igualitos que los demás y se destruya el mito, o el mito no, vamos a llamarle la leyenda —ellos le llaman mito, nosotros le llamamos leyenda—, para que se destruya el símbolo.
Lo que sí tiene tres pares de perendengues, en materia de milagros, y que yo creo á pie juntillas porque lo asegura el padre Torrubia, que fui la veracidad andando, es..., es que al muerto le habían crecido las barbas y que éstas le llegaban hasta la cintura, lujo de que no disfrutó ni el mismo Jaime el Barbudo.
Todos eran gigantes de por lo menos seis metros de alto; lucían barbas muy negras y enormes cabellos ensortijados que les llegaba hasta los hombros.
A mí me divertía imaginar lo que pensarían…Y así me quedé, no sonriente en la loma, sino en mi cuasi, Santo Óleo. -Pero un señor de barbas (por eso se las dejan algunos), parece ser muy formal o ¿no?, madame Monalisa.
Entré con sombría resolución, sin pronunciar palabra, y el fraile me siguió alzando la luz para esclarecer el corredor: Allá dentro sentíanse apagados runrunes de voces y dineros: Reunidos en la sala jugaban algunos hombres, con los sombreros puestos y las capas terciadas desprendiéndose de los hombros: Por sus barbas rasuradas mostraban bien claramente pertenecer a la clerecía: La baraja teníala un mozo aguileño y cetrino, que cabalmente a tiempo de entrar yo, echaba sobre la mesa los naipes para un albur: —Hagan juego.
Pero cuando el hombre aró la tierra, y poseyendo otros medios de existencia que la caza o el robo pudo vivir en relativa paz, acató la autoridad del patriarca: y entonces la majestad de la vejez, las luengas barbas de nieve, la frente arrugada y serena, ejercieron una influencia misteriosa, un poder religioso, superior al del brazo membrudo armado con el hacha de pedernal.
Esta Revolución no se hizo para que los tipos anden de pepillos exhibiendo méritos que no tienen y estafando a la gente, porque eso de ponerse unos galones y unas barbas que no se ganaron en combate, es una estafa y una tomadura de pelos.
Y la gente prefiere un millón de veces —por el desinterés con que los han visto— a esos hombres que traen barbas que les crecieron combatiendo, a esos hombres caballerosos, a esos hombres honrados; a los hombres que ven hoy, que no serán magos, que no serán expertos, pero que cada día irán aprendiendo y cada día irán aprendiendo cada vez mejor, y cada día irán aplicando mejor lo que sepan con el respaldo del pueblo que nos tiene que ayudar en todo.
Vasco Godines, que era el azuzador de los celos de Robles, se presentó un día en Potosí y clavó en la puerta de Meneses un cartel en que don Martín exigía que, si don Pablo no que- ría batirse en duelo, declarase en presencia de Pedro Portu- gal, de Hernando Panlagua y de otros caballeros, que él no era hombre para haber requerido de amores á doña Juana de los Ríos; porque si lo hiciera, ella era persona tal que le pelara las barbas y diera de chapinazos; y que, para satisfa- cer á Robles, estaba pronto á rendirle la daga que llevaba al cinto.