Ejemplos ?
El señor Frasquito penetró en ella con aspecto malhumorado, y arrojando la gorra de hule sobre una silla, sentóse en la banqueta, con la frente fruncida, mientras Ángeles le miraba con interrogadora expresión.
Si venido se ha del reo a la banqueta, cuando el orador incita al llanto, los hace brillar él; si cabe la pira de un devoto hijo se plañe, huérfana cuando le llora, único, su madre, los hace brillar él.
A arrodillarme en medio de una banqueta herbosa, cuando sacramentando al reloj de la torre, de redondel de luto y manecillas de oro, al hombre y a la bestia, al azahar que embriaga y a los rayos del sol, aparece en su estufa el Divinisimo.
Uno, en el suelo, con la cabeza junto a la portezuela. El otro, caído en la banqueta, con el cuchillo en la mano y la cara blanca como de papel mascado.
¡Qué pedrote tan feo, como un pedazo de vidrio, el pedrote de la corbata! ¡Y a mamá no la dejaba mover, y le ponía un cojín detrás de la espalda, y le puso una banqueta en los pies.
Al fin, sin embargo, se puso mejor, aunque todavía respiraba con tal dificultad y estaba tan agotado, que se vio obligado a sentarse en una banqueta detrás del mostrador.
Más allá, donde los desocupados solían jugar al tute, un joven muy guapo, de barba y cabellos castaños fingidamente enmarañados, de mirada serena y azul, de boca impecable, de manos aristocráticas, vestido con elegante traje de franela blanca a listas rojas, y resguardada del sol la hermosa cabeza por un amplio pavero de castor, sentábase en tosca banqueta, y con el pie en el aire, se lo palpaba con una mano, intentando calcular la importancia del daño recibido.
--dijo al fin, dando un suspiro, ante la obstinación de aquellos juncos, empeñados en ir a crecer tan apartados; e incorporándose de nuevo sobre su banqueta, con las mejillas encendidas y el agua goteándole del pelo y de las manos, empezó a ordenar los tesoros que acababa de reunir.
Los que, llevando zapatos negros o blancos, ya sean de terciopelo de color, para quitarles el polvo que llevan o darles lustre, lo hicieren con la capa (como si no fuera más noble y de mejor condición y costosa), y por limpiarlos a ellos la dejan a ella sucia y polvorosa, los condenamos por necios de banqueta, y siendo nobles, por de terciopelo de dos pelos fondo en tonto.
Los reduccionismos no satisfacen cuando se tiene tanto que decir; hay mucho de sentido y no una visión fragmentada de la existencia, donde apenas dos o tres palabras, piensan algunos teóricos de banqueta en su práctica avara, son suficientes para sostener un mensaje vital.
Cuando los chicos y chicas salen de los “reclusorios”, así les llaman, se van a escuchar su música, a bailar lo que la basura comercial les ofrece; a sentarse en algún banquillo de jardín o banqueta de la calle a tocar guitarra, flauta o alburear; a indagar en la internet lo temas que les apasionan (buenos o malos) o buscar en un video club, las películas de moda, etc.
A la derecha de la puerta de entrada había un doble atril de castaño; a la izquierda, otro más alto, de pino pintado de color de chocolate; junto al primero, dos banquetas, una forrada de badana verde, con tachuelas doradas alrededor del asiento, y otra sin forrar; junto al segundo, otra banqueta...