Ejemplos ?
Luzardo sonrió compasivo; pero, insistiendo en el propósito de sondear al compañero inquietante, agregó, sin perderlo de vista: —Dicen que es una mujer terrible, capitana de una pandilla de bandoleros, encargados de asesinar a mansalva a cuantos intenten oponerse a sus designios.
Los ladrones sacaron los veinte duros y se los dieron al segador, el cual se arrojó a los pies de aquel personaje que dominaba a los bandoleros y que tan buen corazón tenía.
En su base existe una cueva antigua, donde se refugiarían, ¡vaya usted a saber!, pastores o bandoleros, y en esa cueva oraba el alienado que hará unos días hemos recogido aquí.
Tratábase nada menos que de la aparición de una fuerte cuadrilla de bandoleros, que no contentos con cometer en despoblado mil y un estropicios, penetraban de noche en la ciudad, realizaban robos y se retiraban tan frescos como quien no quiebra un plato ni cosa que lo valga.
Por eso los mismos bandoleros, para turbar con más fuerza y con más seguridad suya la paz de los otros, desean la paz con sus compañeros.
Rumor aquí he sentido. Atraviesan el valle bandoleros con Zulima a caballo. Yo, cueste lo que cueste, la tengo de prender: voy a ver si hallo cerca mis compañeros.
Dos o tres meses después, estando Terry tomando té con su esposa en el salón de la quinta, fue asesinado por una partida de bandoleros.
¿Qué no se ha dicho de los primeros Romanos, cuando estos bandoleros asolaron y pillaron las cosechas; cuando para aumentar su pobre aldea destruyeron las pobres aldeas de los Volscos y de los Samnitas?
Rara era la incursión de los bandoleros a la capital en que no se llevasen cautivo algún terranova, que pocos días después devolvían bien azotado y con la cabeza al rape.
Ni la nobleza ni los empeños podían torcerla; y los facinerosos, vagabundos y bandoleros huían precipitadamente de Valencia perseguidos de su severidad y vigilancia.
-No os congojéis, hermano -replicó el del bosque-, que ya los bandoleros se han ido y han dejado atados a los árboles deste bosque más de treinta pasajeros, dejándolos en camisa; a sólo un hombre dejaron libre para que desatase a los demás después que ellos hubiesen traspuesto una montañuela que le dieron por señal.
Por entonces sólo con buena guardia de escopeteros era dado aventurarse en los caminos mexicanos, donde señoreaban cuadrillas de bandoleros ¡Aquellos plateados tan famosos por su fiera bra-vura y su lujoso arreo!