Ejemplos ?
Reinaldo, con la lanza en ristre puesta, pica el corcel, y a la escocesa armada deja detrás a un tiro de ballesta, pues mucho demorarse más lo enfada.
Siguiendo el camino donde hoy se encuentra la pintoresca ermita de la Virgen del Valle, y como a dos tiros de ballesta del picacho que el vulgo conoce en Toledo por la Cabeza del Moro, existían aún en aquella época los ruinosos restos de una iglesia bizantina, anterior a la conquista de los árabes.
No hay piedra, almena, viga, arco o ballesta o cosa que sobre él golpee o caiga, que de la puerta en la que el puño asesta, la frente, el pie o la espada, lo distraiga.
Se vendía una calesa resistente, aunque le faltaba una ballesta, un joven y brioso caballo rodado de diecisiete años, simientes de nabo y rábano recién recibidas de Londres, una casa de campo con todas sus dependencias, dos cuadras para caballos y un terreno donde se podía plantar un magnífico soto de abedules o abetos...
Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba a sentarme al borde de la fuente, a buscar en sus ondas...
Constanza conoció el efecto que su burla había producido en el enamorado joven; pero deseando apurar su paciencia hasta lo último, tornó a decir en el mismo tono: ¿y si al dispararle te saluda con alguna risa del género de la que oyó Esteban, o se te ríe en la nariz, y al escuchar sus sobrenaturales carcajadas se te cae la ballesta de las manos, y antes de reponerte del susto ya ha desaparecido la corza blanca más ligera que un relámpago?.
¡Oh!, exclamo Garcés, en cuanto a eso, estad segura que como yo la topase de ballesta, aunque me hiciese más monos que un juglar, aunque me hablara, no ya en romance, sino en latín, como el abad de Munilla, no se iba sin un arpón en el cuerpo.
WERNI.––Tell de Bürglen. GUILLERMO TELL—(Armado de su ballesta.) ¿Quién es este hombre que implora socorro? KUONI ––Un vecino de Alzellen que ha defendido su honor, y ha muerto a Wolfenschieszen, el baile regio de Rossberg.
Esto diciendo, armó su ballesta, no sin haberle hecho antes la señal de la cruz en la punta de la vira, y colocándosela a la espalda se dirigió a la poterna del castillo para tomar la vereda del monte.
¿Vivimos, acaso, indefensos? ¿Para qué habremos aprendido a tirar la ballesta, y a manejar el hacha? Toda criatura halla sus medios de defensa en la angustia de la desesperación; detiénese el ciervo fatigado y muestra a la jauría sus temibles ramas; la cabra montés lleva al abismo al cazador; el mismo buey, dócil y doméstico servidor del hombre, que dobla paciente la ancha testuz bajo el yugo, la levanta irritado, agita sus cuernos poderosos y lanza por los aires a su enemigo.
Hecho el cálculo, cogió la ballesta entre los dientes, y arrastrándose como una culebra por detrás de los lentiscos, fue a situarse sobre unos cuarenta pasos más lejos del lugar en que se encontraba.
HEDWIGIA, ocupada en una labor. WALTHER y GUILLERMO juegan en el fondo del teatro, con una pequeña ballesta. WALTHER.––(Canta.) “Con su arco y sus flechas, por montañas y por valles, va el cazador apenas amanece.” “Como el buitre en los aires, reina el cazador libremente en los barrancos y en las montañas.” “Suyo es el espacio, que alcanza su flecha; cuanto vuela, y cuanto se arrastra, todo es suyo.” (Se dirige hacia su padre, saltando.) Se me ha roto la cuerda; recomponla, padre.