Ejemplos ?
En una pequeña estancia vecina a la iglesia del actual monasterio se halla una tumba de características góticas donde está sepultado San Balandrán, el cual era un hombre de gran estatura y poderío físico.
San Balandrán es un santo legendario. De acuerdo con la tradición, fue un pastor aragonés al que se le apareció la virgen en el lugar en el que posteriormente se construiría el Monasterio del Pueyo.
Ocurrió en un día de esos tiempos que Balandrán, un pastorcillo apenas adolescente natural de Morilla (hoy en día una aldea una perteneciente a Ilche), dormía en una choza y, de repente oyó una voz que pronunciaba su nombre tres veces.
Posteriormente se edificó en ese mismo paraje el Monasterio del Pueyo. En ese diminuto templo Balandrán sirvió de sacerdote hasta su muerte.
También son libretos de zarzuela Memorias de un estudiante (1860), con música de Cristóbal Oudrid, Anarquía conyugal (1861), con música de Gaztambide, Entre la espada y la pared, adaptación de un original francés con música de Mariano Vázquez (1861), La isla de San Balandrán (1862) y El médico de las damas, ambas con música de Oudrid, La doble vista (1863) con música de Ignacio Agustín Campos, El hábito no hace al monje (1870), divertida versión de una comedia de Eugène Scribe para la que Picón barajó el título alternativo de El rey marica, y Los holgazanes (1871), con música de Francisco Asenjo Barbieri.
Entre los grupos que han editado discos con L'Aguañaz destacan las bandas de rock en asturiano Dixebra, Avientu y Skama la Rede; y dentro del folk multitud de formaciones como Corquiéu, Skanda, N'Arba, La Cigua, Balandrán o La Coḷḷá Propinde.
Después que el estudiante retira del fuego el puchero del guisado para que el calor de la lumbre le seque a él el lodo de los pantalones, y cuando su hermana ha recogido con gran esmero el balandrán y las camisas, toma aquél el jarro de la leche, ya que el papel del azúcar lo tiene su padre, y se dispone a auxiliar a su madre y a su hermana en la preparación de las tostadas, amenizando el trabajo con el relato de sus proezas y aventuras de estudiante.
Vivíamos en casa del cura, un señor incapaz de reposo, que apenas terminaba su misa ensillaba el macho para visitar a los compañeros de las vecinas parroquias, o empuñaba la escopeta, y con balandrán y gorro de seda, salía a despoblar de pájaros la huerta.
-murmuró el interpelado, recogiendo otra vez el lío de ropa, o sea el balandrán y dos camisas sucias, que había puesto sobre un banco al entrar en la taberna.
-argüía un jugador de gallos con coracha. -Hasta en eso ha sido ruin -comentaba una moza de trajecito a media pierna-. Balandrán de desdichado, nunca saldrá de empeñado.
Un sábado de esos, con poncho de balandrán sobre la sotana y un jipijapa en la cabeza, iba nuestro padre Abregú camino del Barranco, cuando de una encrucijada, fronteriza a Miraflores, salieron doce jinetes armados hasta los dientes, y rodearon al viajero, que montaba un bonito caballo.
La madre: «Micaeliña, no te arrugues», por aquí, y «Micaeliña, no te manches», por allá; y la criatura, al principio, respetando mucho la gala; pero, ya se ve, luego se cansó de guardarle miramiento al vestido majo y vino, disparada, a tirarme del balandrán.