bañarse

bañarse

(ba'ɲaɾse)
verbo pronominal
meterse en agua para asearse o nadar bañarse en el río
Traducciones

bañarse

bathe, swim, haveabath, take a bath, to have a bathe, bath

bañarse

vykoupat se

bañarse

bade

bañarse

baden

bañarse

kylpeä

bañarse

se baigner

bañarse

kupati se

bañarse

泳ぐ

bañarse

수영하다

bañarse

baden (zich)

bañarse

bade

bañarse

bada

bañarse

อาบน้ำ

bañarse

yüzmek

bañarse

đầm mình

bañarse

沐浴
Ejemplos ?
Ahora bien, esos Cavek no son tantos en su existencia”; así dijeron cuando se congregaron todos. Una parte de las tribus respondió, diciendo: “¿Quién, pues, los ha visto bañarse cada día en el río?
Hay que tener más valor y decir que sólo es mi cuerpo lo que entierras y entiérralo como te plazca y de la manera que juzgues más conforme con las leyes. Sin añadir una palabra más se levantó y pasó a una habitación inmediata para bañarse.
Y recogido sobre sí mismo, Amal espía los rumores que llegan, por si alguno de ellos es el del cartero. Y Amal agoniza; los ojos se le nublan: le parece bañarse en una dulce y tibia oscuridad.
La moderna necesidad de los baños de mar, dejando despoblado a Madrid los veranos, llenó de madrileños nuestra capital; y su buen tono, convencido de que para vivir a la moda era preciso salir a bañarse, dio en irse a Ontaneda a reinojarse en sus nauseabundas aguas; pues no era cosa de largarse a otro puerto de mar cuando tenía uno de los mejores en su casa.
Antes de levantarse el telón, suena el canto pastoril que llaman Kuhreihen y el cencerreo de los rebaños, y continúan hasta poco después. PESCADOR.––(Canta en su barca, con la música del Kuhreihen.) El lago sonríe; invita a bañarse.
Ni un instante en toda su vida había reflexionado en uno de los puntos que tanto atormentaban al brama; creía con toda su alma en las transformaciones de Visnú, y se tenía por la más dichosa mujer, con tal que de cuando en cuando tuviese agua del Ganges para bañarse.
-Corriente. -Pero usted puede bañarse si quiere. -Muchas gracias; prefiero consagrarme hoy enteramente a usted, porque se me antoja que aún le quedan muchas preguntas en el cuerpo.
Cuando yo era niño, recuerdo haber gastado los días de fiesta un traje del mismo corte que el que aquí se ponen los hombres para bañarse; sólo que el mío estaba abierto por detrás.
Ni aquello era hotel, ni aquella comida, ni aquello se podía llamar bañarse, ni había quien sufriese el olor a aceite frito y los continuos pregones de las vendedoras, los organillos callejeros y las murgas.
-Pos lo que yo te aconsejo es que no te asomes y que te dejes ya del Molinete y del Toño y que los mandes a dambos a peinarse al Coto u a bañarse a la Escollera.
-No lo niego. Pero usted ¿piensa bañarse? -Hombre, le diré a usted: con ese ánimo salí de casa; pero según me voy acercando a la mar la voy tomando un respetillo...
-Marido mío, si no puedo mandar salir al Sol y a la Luna, y si es preciso que los vea salir sin orden mía, no podré descansar y no tendré una hora de tranquilidad, pues estaré siempre pensando en que no los puedo mandar salir. Y al decir esto le miró con un ceño tan horrible, que sintió bañarse todo su cuerpo de un sudor frío.