atrever

(redireccionado de atreve)
Traducciones

atrever

confiar

atrever

spolehat

atrever

trauen

atrever

count, rely

atrever

luottaa

atrever

conpter sur

atrever

leistamej, לסמוך, על

atrever

bizni

atrever

rekenen

atrever

contar
Ejemplos ?
Y Moro, Esforza y viscontea culebra verán que nunca nadie se le atreve desde el remoto Indo hasta Ginebra, desde el Mar Rojo a la islandesa nieve; mas muerta, el reino ínsubro a la quiebra con perjuicio de Italia irá no leve; de suerte que será, tras de su ausencia, por ventura estimada la prudencia.
¿Por qué tú no puedes amarme como yo te amo? ¿Por qué no puedes? ¿Por qué? ¡Qué triste es este amor que no se atreve...! Y... ¡ah...!
Pero el caballo rayado de sudor, e inmóvil de cautela ante el esquinado del alambrado, ve también al hombre en el suelo y no se atreve a costear el bananal como desearía.
Mas ¿cómo he de dudar que os tengo al lado, si siempre la victoria me habéis dado?» Con lanza en ristre viene al argelino, picando espuela, y a justar se atreve, Muévese a un tiempo Ugiero paladino, y a un tiempo Namo, y Oliver se mueve; y Avolio y Belenguer y Otón y Avino, que no hay acción que uno sin otro pruebe; y hieren al pagano juntamente el pecho, los costados y la frente.
Bien cierto es que en el caso nunca estuve tan mal ni mi fortuna tan escasa que usasen trato contra mí no honesto, mas no por cosa de virtud fue esto; »antes porque si a mí nadie se atreve, piensan que sea el precio redoblado.
Si acaso uno que otro maestro se atreve a darle un poco de vida a las cajas mortuorias que vienen siendo las clases de español y hace aprender los mecanismos gramaticales de manera funcional...
Hoy que en Colombia, Ecuador y hasta en el Perú, hay reacción favorable al fanatismo y adversa á la libertad de con- ciencia, ¿se atreve usted á decir las verdades del barqupro á los simoniacos de sacristía?
El pájaro arrastra al asustado niño por todos los rincones de la habitación y éste no se atreve a soltarlo y no tiene fuerza para detenerlo.
¿Quién se ha atrevido…? —El ladrón —dijo G — es el ministro D, quien se atreve a todo; uno de esos hombres tan inconvenientes como convenientes.
¡Ya ése es su bananal; y ése es su malacara, resoplando cauteloso ante las púas del alambre! Lo ve perfectamente; sabe que no se atreve a doblar la esquina del alambrado, porque él está echado casi al pie del poste.
No lo sabía. ¿Qué me van a hacer? —Nada bueno, pues aquél que se atreve a entrar aquí, recibe su castigo. —¿Otro castigo? — Pregunté aterrado.
Lánzase dentro el irritado conde, y al ver el sitio donde la luz prosigue, la afilada punta les pone de su estoque a la garganta. Y «¿quién se atreve, vive Dios!», pregunta, a cuya voz: «¡Yo soy!», Sancho responde, que de ellos solamente se levanta.