Ejemplos ?
Silencio tú, gran zamarro, que al buen callar le llaman Sancho, y al bueno bueno, Sancho Martínez. Déjame pasar, arrapiezo, y no me vengas con tilín tilín, como el asno de San Antolín, que cada día era más ruin.
¿Con sesenta y tres años que llevo yo en ella? Que vine de siete, un arrapiezo, y aquí comí el primer pan ganao con mis manos, ¿lo oyes?
-¡Si vendrá ese gorgojo -murmuraba- el día en que orinen las gallinas! ¡Por mi santo patrón, que se ha de acordar de mí el muy arrapiezo!
También el refrán «ceño y enseño, al mal niño lo hacen bueno» era habitual en boca de su merced. Pedía el maestro la lección de Astete o de Ripalda, y ¡ay del arrapiezo que equivocaba sílaba al repetirla de coro!