arnés


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arnés

(Del fr. harnais < escandinavo *herrnest, provisiones del ejército.)
1. s. m. HISTORIA Conjunto de armas de acero defensivas que se vestían y acomodaban al cuerpo, asegurándolas con correas y hebillas.
2. s. m. pl. EQUITACIÓN Conjunto de arreos que se les ponen a las caballerías, en especial a las caballerías de montar.
3. coloquial Cosas necesarias para un fin.

arnés

 
m. Conjunto de armas de acero defensivas que se vestían y acomodaban al cuerpo asegurándolas con correas y hebillas.
pl. Guarniciones de las caballerías.
fig. y fam.Cosas necesarias para algún fin.

arnés

(aɾ'nes)
sustantivo masculino
1. equipo de armas de acero aseguradas al cuerpo con correas
2. equipo de fuertes correas ajustadas al cuerpo de alguien para transportarlo El arnés es usado en los deportes de montaña.
Sinónimos

arnés

sustantivo masculino
Traducciones

arnés

harness, armor

arnés

harnais

arnés

arnese

arnés

تسخير

arnés

valjasteokset

arnés

ハーネス

arnés

하네스

arnés

sele

arnés

SM
1. (Mil, Hist) → armour, armor (EEUU)
2. (en montañismo, paracaidismo) → harness
arnés de seguridadsafety harness
3. arneses (= arreos) → harness sing, trappings; (= avíos) → gear sing, tackle sing
Ejemplos ?
Pero Carlos, echando una última ojeada al arnés, vio algo caído entre las piernas de su caballo; y recogió una cigarrera toda bordada de seda verde y con un escudo en medio como la portezuela de una carroza.
Muy bien; en virtud de la operación de esta garantía, ciertos granjeros de Kansas trabajaban para el propietario de dicha hipoteca, y aunque ellos nunca hubiesen sabido quién era el propietario, o el propietario quienes eran ellos, aun así ellos eran esclavos del propietario con tanta seguridad y certeza como si hubiese estado sobre ellos con un látigo en vez de estar sentado en su salón en Boston, Nueva York, o Londres. Este arnés hipoteca era generalmente usado para el enganche de la clase agrícola de la población.
Una especie de arnés de cuero oprimía su busto desnudo, y de la faja que rodeaba su cintura partían dos cuerdas que se enganchaban a la parte delantera de la vagoneta.
Estaba la mansión tan encantada que dentro de ella no se conocían. Ni día ni noche escudo, arnés o espada de brazo, cuerpo o mano removían.
Y bien hizo con ellos allí plaza al tomar Durindana en su presencia, por más que aquella torpe y loca raza creyese que no haría resistencia, cuando no vieron sobre él coraza, ni escudo ni otro arnés para pendencia; mas no saben que aquel que ven delante tiene la piel más dura que el diamante.
Cantemos el oro, en el arnés del cabello, en el carro de guerra, en el puño de la espada, en el lauro que ciñe cabezas luminosas, en la copa del festín dionisíaco, en el alfiler que hiere el seno de la esclava, en el rayo del astro y en el champaña que burbujea, como una disolución de topacios hirvientes.
Bailar se ve en las casas a la gente, que así estos fastos dan en celebrallos, por las calles el pueblo más pudiente con rico arnés montar bellos caballos; y adorna aquella corte lindamente de señores, barones y vasallos cuanto eritreo marjal e indio y moro de perlas pueda dar, de gema y oro.
En el escuadrón segundo, de un arnés blanco cubierto, y de un sayo de brocado, en un frisón corpulento pasa de Borbón el duque: ¡lástima que tan egregio príncipe, contra su patria y su rey combata ciego!
Micer Jorge de Austria, anciano de gran valor y respeto, va a su frente en un morcillo que hunde donde pisa el suelo. Lleva arnés empavonado, y devoto hasta el extremo, con franciscana capucha el casco y gorjal cubiertos.
Están dentro de la tienda, a un lado, sentada en rico almohadón de terciopelo sobre tapete morisco, una gallarda señora con semblante dolorido, teniendo en sus bellos brazos dos hermosísimos niños. Y en pie, a su frente, un joven de brillante arnés vestido, la cabeza sin almete y el rostro contemplativo.
«Traición!, traición!», gritan ambos luchando con noble arrojo; cuando entre antorchas y lanzas en la escena entran de pronto Beltrán Claquín, desarmado, y don Enrique, furioso, cubierto de pie a cabeza de un arnés de plata y oro, y ardiendo limpia en su mano la desnuda daga, como arde el rayo de los cielos, que va a trastornar el polo, de don Pedro el brazo suelta el forzudo armado, y todo queda en profundo silencio, silencio de horror y asombro.
y de los señores de su Real Consejo de Indias, porque tenía el obedescer por la prencipal pieza de mi arnés, e no tenía más voluntad que la que mi rey e señor natural toviese y seguir en todo tiempo tras ella, sin demandar otra cosa.