arboleda

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arboleda

(Del lat. vulgar arboreta.)
s. f. Terreno poblado de árboles pasaron el día bajo la sombra de la arboleda.

arboleda

 
f. Sitio poblado de árboles, principalmente el sombrío y ameno.

arboleda

(aɾβo'leða)
sustantivo femenino
botánica área llena de árboles Les gustaba reunirse bajo la arboleda cerca del río.
Sinónimos

arboleda

sustantivo femenino
soto, bosque, alameda, arbolado.
La alameda es una arboleda de álamos, aunque por extensión puede referirse a un paseo con árboles de cualquier clase.
Traducciones

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

роща

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

格罗夫

arboleda

格羅夫

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

SFgrove, coppice
Ejemplos ?
Su estilo musical, solemne y grandioso, al que los críticos denominaban ya wagneriano, debía encontrar una melodía que con gran suntuosidad estremeciera al público cultísimo que lo apreciaba en todo el mundo, pero nada. Caminando entre la soledad de las arboledas de pronto sintió que todo se le nublaba y caía a un vacío espectacular.
Ahora escóndete, hijo mío, en alguna de estas arboledas para que no con tu muerte inocente, se acabe en ti el señorío tan antiguo de nuestros antepasados.
Sonaba en los restaurantes el taponazo del champaña, perseguíanse por entre los frondosos bosquecillos estudiantes y estudiantas, la alegre juventud del barrio Latino, enardecida por la decoración idílica que prestaban las arboledas a sus amores urbanos, abrigados durante la semana por los techos en pendiente de las guardillas.
Más, en verdad, me pluguiera conducirte a una pagoda india, o a un chinesco alcázar de estalactíticas bóvedas de cedro eterno y fragante incrustado de oro y concha, de marmóreos pavimentos que orlaran densas alfombras, de techumbres sostenidas por columnas salomónicas, basadas sobre elefantes de negros pies y áureas trompas, de salones alumbrados por perfumadas antorchas, con son de música y fiesta estremecida su atmósfera; circundados de jardines encantados, de frondosas arboledas, y cascadas espumantes y sonoras; pero, ¡ay, lector!, el Oriente mi errante ingenio abandona y cierra de la Edad Media las caballerescas crónicas, para contarte del siglo de las luces una historia tan tenebrosa y confusa como su luz y sus glorias.
Sin embargo, en compensación a su retiro, se vio siempre acariciada por paisajes que corrían espontáneamente por su frente, como se aprecia en la gráfica. Vivió exornada con manojos de sus plantas naturales y arboledas de frutas.
Eran ambos tan buenos, tan dóciles y tan compuestitos, que el pescador y su mujer los querían mucho, y de continuo se los ponían por ejemplo a sus otros hijos, por lo cual estos, envidiosos y enrabiados, les hacían mil injusticias y mil agravios; de manera que huyendo de estos vejámenes, se iban los huérfanos a refugiar entre las arboledas y cañaverales de las orillas del río.
Anduvieron largo rato por arboledas magníficas, dejando atrás fuentes, estatuas y estanques soberbios, y al fin entraron por el peristilo de un gran palacio, y los guardias que estaban en la escalera se apartaron con respeto, dejando pasar a Florina.
El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras.
Pero como a Luis le habían dicho esto mismo todos los que fueron a hablarle en favor de Ernestina, lo escuchaba como quien oye una música antigua y empalagosa. Vuelto casi de espaldas a su mujer, miraba el camino, los Víveros, bajo cuyas arboledas bullía una alegre multitud.
Las arboledas nos ofrecerán el regazo fragante de su exuberancia verde y las flores nos harán olvidar, con sus perfumes, el encierro capitalino.
¿Por qué labras casas? ¿Por qué plantas arboledas para sólo hacer sombra? ¿Para qué trae tu mujer en sus orejas la hacienda de una casa rica?
Se deleitaban con el canto y la melodía de los pajarillos de cabezas coloradas y amarillas; disfrutaban también de muchas diferentes especies de hermosos y grandes pescados; se regocijaban con la inmensa frescura de arboledas que había por aquellas riberas y de manantiales cercados de sauces, de sabinos y de alisos grandes y preciosos.