Ejemplos ?
Cruzaron el parque aislado, Bordearon en derredor Un montecillo de abetos, Y hallando tras un peñon Dos caballos que sin duda El peregrino apostó, Montaron á toda prisa, Y al repentíno aguijon De la espuela se lanzaron En un escape velóz.
Él un cerrado campo abrió con amplia linde, y él una casa a nos, y él me dio a mi dueña junto a la que comunes ejerciéramos nuestros amores; adonde mi radiante divina con blando pie 70 se vino, y en el hollado umbral su fulgente planta, apoyada en su delatora sandalia, apostó, como un día flagrante advino, de su esposo por el amor, Laodamía a la casa de Protesilao, empezada en vano, cuando todavía, con su sangre consagrada, 75 la víctima a los celestiales amos no había pacificado.
PRESIDENTE ERNESTO ZEDILLO: Un Presidente no debe perder la cabeza, pero ojalá que ningún mexicano la perdiera bajo ninguna circunstancia en su vida. Hay que contar hasta diez. CONDUCTOR:¿Por qué apostó usted tanto a la reforma política? ¿Por qué la operó tanto?
El pulpero, muy confiado en su compositor, y muy lego en la materia, pensaba, como se lo aseguraba Juan, que su caballo iba a ganar cortando a luz; y en vez de contentarse con lo que le iba a producir la reunión, quiso también arriesgar pesos, y apostó fuerte; pero también obligó a Juan a jugar con él -era bastante natural-, todo el sueldo que le podía adeudar.
Dotado, como hemos dicho, de una fuerza prodigiosa, le bastaba una mano para violar a una muchacha, cosa que había hecho varias veces. Un día apostó que ahogaría a un caballo entre sus piernas, y el animal reventó en el momento que el duque había indicado.
Una tarde de verano, después de haber hecho danzar a la juventud de la boda al son de su gaita, Jacquillou (Jacques) el gaitero, con la cabeza un poco acalorada, apostó que iría a ver la danza de las hadas en los cuatro caminos del centro del bosque.
Diego que los otros mancebos hablaban de ella con respeto, se sintió picado y apostó que antes de un mes sería dueño de ese tesoro de virtudes.
Picose el amor propio del aventurero, apostó con sus camaradas al que él tendría, la fortuna de rendir la fortaleza, y desde ese instante, sin darse tregua ni reposo, empezó a escaramucear.
Las campanas del Castillo repicaron en un alegre tañido ante la cercanía del crepúsculo invernal, y el guardián se apostó con su séquito en la galería de almenas, para anunciar el arribo de los visitantes que habían sido invitados a compartir las diversiones que reinaban entre las paredes.
El duque imitó pronto con Bande-au-Ciel la pequeña infamia de su antiguo amigo y apostó, aunque el pito era enorme, beberse tres botellas de vino a sangre fría mientras lo enculaban.
Tanta arrogancia habiendo Amor sentido, no quiso sufrir más ni más distrajo: junto a Medoro, se apostó al resguardo, y la esperó, puesto en el arco el dardo.
-Pos Juan Galindo, como no gana más que cuatro pesetas de jornal y tiée que llevar yeros a dos palomares, pos endispués que jizo la apuesta con Joseíto, al hombre le temblaron las pantorrillas y se atosigó sólo en pensar que pudiese perder la apuesta y se vino en busca mía y me contó lo que le pasaba, y me dijo, pidiéndome cuartel con los ojos: «Si me jase usté llevar la contraria en este mal chapú, yo la mato a usté y endispués yo me enveneno». -Y entonces, ¿porqué apostó ese mal arate?