Ejemplos ?
Las rosas de cariño que se alzaban tan frescas, tan graciosas en aquella tierna alma y que querían desbordarse de ella eran implacablemente aplastadas.
Ningún folleto educativo será capaz de desarraigar la religión entre las masas aplastadas por los trabajos forzados del régimen capitalista y que dependen de las fuerzas ciegas y destructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan a luchar unidas y organizadas, de modo sistemático y consciente, contra esa raíz de la religión, contra el dominio del capital en todas sus formas.
En este sentido, los millares de millones de individuos que han formado la materia viva y sufriente de esa historia -a la vez triunfal y lúgubre desde el punto de vista de la inmensa hecatombe de víctimas “aplastadas bajo su carro”, los millares de millones de individuos oscuros, pero sin los cuales no habría sido obtenido ninguno de los grandes resultados abstractos de la historia -y que, notadlo bien, no aprovecharon jamás ninguno de esos resultados- esos individuos no encontrarán la más humilde plaza en la historia.
Pero cuando la huida os retornó de una certera muerte, él ciertamente todo el Etna deambula gemebundo, y por delante tienta con la mano los bosques, y de su luz huérfano contra las peñas se lanza, y sus brazos, desfigurados de la sanguaza, 190 tendiendo al mar, maldice la raza aquiva y dice: “Oh si algún azar a mí me devuelve a Ulises o a alguno de sus aliados, contra el que se ensañe mi ira, las entrañas del cual me coma, cuyos vivientes miembros con mi diestra despedace, cuya sangre a mí me inunde 195 la garganta y aplastadas tiemblen bajo mis dientes sus extremidades: cuán nulo o leve me sería el daño de mi luz arrebatada.” Esto y más aquel feroz.
El sol iluminaba el bonito lienzo del muro todo agrietado y casi en ruinas, que la caprichosa heredera había prohibido tocar, a pesar de que Cornoiller hubiese dicho varias veces a su mujer que corrían peligro de morir algún día aplastadas.
Y aquellas dieciocho personas que quedaron aplastadas cuando la torre de Siloé se derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.
Protección era el grito de los capitalistas que se sentían más débiles que los de otras naciones, y tenían miedo de que sus empresas fuesen aplastadas y que les quitasen sus ganancias si se permitiese la libre competencia.
por los rusos, las insurrecciones de Dresde, Iserlohn, Elberfeld, el Palatinado y Baden Se trata de las insurrecciones de las masas populares en Alemania en mayo-julio de 1849 en defensa de la Constitución imperial (adoptada por la Asamblea Nacional de Francfort el 28 de marzo de 1849, pero rechazada por varios Estados alemanes). Tenían un carácter espontáneo y disperso y fueron aplastadas a mediados de julio de 1849.
Así, junto a la corpulencia de un negro, cuya mano perdíase en el trasero de un pequeño, veía una mesita minúscula, como para muñecas, sobre la que estaban aplastadas las pequeñas cabezas de unos hombres ladrones, mientras que el techo, de altura real, daba un aspecto de desolación más extraordinaria al gris paraje del recuerdo.
En un ribazo, entre aplastadas marañas de juncos, un lóbrego y fangoso agujero, y en el fondo, durmiendo la siesta de la digestión, entre peladas calaveras y costillas rotas, el dragón, un horrible y feroz animalucho, nunca visto en Valencia, enviado, sin duda, por el Señor -según decían las viejas ciudadanas- para castigo de pecadores y terror de los buenos.
Sólo diferenciaban de los hombres de las razas europeas por el prolongado cráneo caballuno, la tez cobriza, los ojos que se abrían en lo más alto del cráneo y la excesiva prolongación de los brazos así como las rudas, fuertes manos, de uñas aplastadas.