Ejemplos ?
Bajó hasta la mazmorra y, a la luz de las antorchas con que dos pajes le alumbraban, vio al hijo de sus entrañas revolcado en su propia sangre, aplastada la cabeza como una masa informe.
Mi padre había contado a menudo que la conducta de mi tía nunca era semejante a la del resto de los mortales; y, en efecto, aquella señora, en lugar de dirigirse a la puerta y llamar a la campanilla, se detuvo delante de la ventana y se puso a mirar por ella, apretando tanto la nariz contra el cristal que mi madre solía decirme que se le había puesto en un momento completamente blanca y aplastada.
Ni uno solo estaba peinado porque el viento les echaba a todos el pelo de costado. Y los ojos de fuera mirándome. Entonces comencé a oír de todas partes: — Murió. — Murió aplastada. — Murió. — Gritó.
Acababa de ponerse el sol, voló el ave a un arbusto y a poco salió de detrás de él una vieja pálida y flaca; con grandes ojos colorados, nariz aplastada y retorcida por la punta, que la llegaba hasta la barba.
— Yo también. — Murió. — La mujer de él murió aplastada. — ¡Por todos los santos!—grité yo entonces retorciéndome las manos—. ¡Salvémosla, compañeros!
Había allí un silencio de epidemia, una enagua caída y ratas muertas. Bajo el piano tumbado, sobre el piso granate de sangre y carbón, estaba aplastada la sirvienta.
Valerosos españoles, pues ya es vuestra la victoria nada mi falta os importe.» Desplómase el tordo en tierra; dos capitanes recogen al general en los brazos, y Vega, su gentilhombre, del sangriento coselete le desencaja los broches, y ve..., ¡oh placer!, que la bala, causa de tantos temores, aplastada contra el pecho, leve contusión esconde: del coselete, sin duda, en los adornos de bronce perdió su temible fuerza, o por dicha disparose desde tan lejos, que trajo escasa violencia el golpe.
Y ahora, permítame tan sólo repasar el curso de los hechos, y contradígame si en algo me equivoco. Nuestro hombre estaba encogido en su asiento, con la cabeza caída sobre el pecho, como persona que ha sido totalmente aplastada.
No pensaba nunca en el proyectado secuestro de Barsut, y hasta dejó de visitar al Astrólogo. Se pasaba el día en la cama, con los puños apoyados en la almohada y la frente aplastada sobre éstos.
Era nervudo, cuadrado, velloso como una fiera, la cara cobriza, con rudas protuberancias y profundos surcos, los ojos sanguinolentos y la nariz aplastada, granujienta, veteada de azul, con manojos de cerdas, que asomaban como tentáculos de un erizo que dentro de su cráneo ocupase el lugar del cerebro.
¿Será mejor gastarnos de un golpe y morir la muerte ardiente de la bala aplastada contra el muro o envejecer en el camino sin término y sobrevivir a la esperanza?
Como hace miles de años flota un áspero aliento De mediodía, y bajo mi planta destructora La gramilla aplastada no se duele ni llora; Pugna por levantarse sobre el brazo del viento.