apearse


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Sinónimos

apearse


no apearse del burro locución burro

apearse:

desmontardescender, descabalgar, bajarse,
Traducciones
Ejemplos ?
Por medio de un rodeo, la admiración evitaba la selva e iba a apearse de nuevo al otro extremo de ella, donde con Velazquez parecía volver la naturalidad al gobierno de las artes.
Y en la imaginación del párroco se precisó la catástrofe, enlazada al recuerdo de una frase leída por la mañana, entre sorbo y sorbo de chocolate,en el diario integrista: «Socavan y socavan la sociedad, y se les vendrá encima cuando menos lo piensen». Refrenó a su rucio, cerró el paraguas de alpaca oscura y sin apearse arrimóse al socavón, gritando: -¡Eh!
Él respondió que a unos caballeros de Burgos que iban a Sevilla, uno de los cuales era su señor, el cual le había enviado delante por Alcalá de Henares, donde había de hacer un negocio que les importaba; y que junto con esto le mandó que se viniese a Toledo y le esperase en la posada del Sevillano, donde vendría a apearse; y que pensaba que llegaría aquella noche o otro día a más tardar.
Con todo esto, sin apearse, llegaron tan cerca, que distintamente veían los rostros de los que peleaban, porque aún no era puesto el sol.
-gritó desde el palenque el muchacho; y antes que don Agustín hubiera tenido tiempo de espantar los perros y de invitarlo a apearse-: Don Agustín -le dijo-, manda decir mi tío si usted puede venir hasta casa, para hacer un cajón.
En diciembre de 1840 la condesa invita a Beyle con frases apremiantes para que las visite en Madrid; se alojaría en su casa e iría con sus dos hijas a esperarle al apearse de la diligencia.
Preparáronse hasta tres docenas de cohetes, dos arcos triunfales y una fuente de rioja, y seguido de todos los alguaciles y empleados del concejo, a cuyo frente iban los hombres del pronunciamiento, entró una tarde el amolador en el pueblo sobre una mula torda, con corona de similor sobre la frente y una caña en la mano, a manera de rey de bastos, y en esta guisa y después de apearse a las puertas del palacio tomó asiento en el trono que habían venido ocupando todos los señores de aquel pueblo.
¡Un caballo! -exclama, como Ricardo, al apearse bajo los floridos granados de la estación-. Pero, si el gran paladín sabía a qué atenerse al ofrecer su reino por un corcel, yo ignoraba del todo los percances que sobre el lomo de ese noble animal, esperan al peregrino en aquellas magníficas alturas.
Y me escalofría el pensamiento de que un día, quizás no lejano, pudiese apearse de los altares la Cruz bendita de Cristo, y ser convertidos los templos en almacenes y cuarteles, y callar el sacrificio y la oración pública, y ser asesinados los sacerdotes o buscar un refugio en esos montes y extinguirse esa sonrisa de la Madre de Begoña que es el encanto de la gran ciudad.
Una hora después, pasaba a caballo por frente a la casa, en dirección a Santa Pola, Chaume. Se detuvo sin apearse, saludando a Roseta que estaba al borde del camino.
Y ocurrió que, al tercer día de su viaje, María estaba fatigada en el desierto por el ardor del sol, y, viendo una palmera, dijo a José: Voy a descansar un poco a su sombra. Y José la condujo hasta la palmera, y la hizo apearse de su montura.
Y pues muerta salió de casa, viva no la recibo ni a balazos, aunque se empeñe el Cabildo No valieron reflexiones para hacerlo cambiar de resolución y que descorriese el cerrojo. El hombre no quiso apearse de su asno.