anzuelo


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anzuelo

(Del romance *hamiciolus, diminutivo del lat. hamus, anzuelo.)
1. s. m. PESCA Gancho para pescar, que se sujeta en el extremo del sedal y en el que se pone el cebo el anzuelo se prendió en las ovas del río. hamo
2. coloquial Aliciente de que una persona se sirve para atraer a otra su insinuación le sirvió de anzuelo para conquistarlo. atractivo, señuelo
3. caer, picar, morder o tragar el anzuelo coloquial Ser engañado con una trampa picó el anzuelo y les dio el dinero para el ficticio negocio.
4. echar el anzuelo coloquial Emplear artificios para atraer, generalmente mediante engaño le echó el anzuelo esperando que creyese la confabulación.

anzuelo

 
m. Arponcillo o garfio de metal que, pendiente de un sedal y puesto en él algún cebo, sirve para pescar.
fig.Atractivo, aliciente.

anzuelo

(anˈθwelo)
sustantivo masculino
gancho de metal para pescar Puso la carnada en el anzuelo y lo arrojó al río.
atraer por medio de engaños El político echó el anzuelo a los ladrones con un aviso falso.
caer en una trampa, ser engañado Los turistas picaron el anzuelo del estafador.
Sinónimos

anzuelo

sustantivo masculino
atractivo, aliciente, incentivo.
Por ejemplo: es una mujer con anzuelo.

anzuelo:

arponcillo
Traducciones

anzuelo

Angelhaken

anzuelo

hameçon

anzuelo

amo, gancio

anzuelo

angel

anzuelo

gancho

anzuelo

hak

anzuelo

кука

anzuelo

hák

anzuelo

フック

anzuelo

후크

anzuelo

SM (para pescar) → fish hook; (= aliciente) → bait, lure
echar el anzueloto offer a bait, offer an inducement
picar en el anzuelo; tragarse el anzueloto swallow the bait

anzuelo

m fishhook
Ejemplos ?
La hallamos, cuando había de su albergue salido, y allí sola en la marina sin red y sin anzuelo a sí atraía todos los peces que del mar quería.
¡Sin embargo, hay quien se traga el anzuelo!, a la gente no se le cuenta la verdad, puede usted creerme queriendo por esta confesión de pillería para con los otros convencerla por completo de su probidad.
Como el pescador sentado en la roca saca del mar un pez enorme, valiéndose de la cuerda y del anzuelo, así Patroclo, alzando la reluciente lanza, sacó del carro a Téstor con la boca abierta y le arrojó de cara al suelo; el teucro, al caer, perdió la vida.
Ya en frescos sotos al lugar contiguos los versos de amor leen de los antiguos; ya por umbrosos valles y por cerros les dan caza a las liebres temerosas; ya a los faisanes con sagaces perros ahuyentan de las matas más frondosas; ya lazos a los tordos, o ya hierros tienden en las sabinas olorosas; o ya con red o ya cebo y anzuelo turban los peces con paciente celo.
Y, haciendo virar la barca, volvió a las mismas aguas donde se había verificado el encuentro. Puso un anzuelo nuevo, un enorme gancho, en el que ensartó varios noveles, y sin soltar el timón agarró un agudo bichero.
Es todo en su figura anzuelo suave, ya ría o hable o cante o mueva el paso: no es mucho que Rogelio preso acabe, pues tan cortés y bella la halla al caso.
28 Por cuanto te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido á mis oídos, yo por tanto pondré mi anzuelo en tus narices, y mi bocado en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.
24(40-19) ¿Tomarálo alguno por sus ojos en armadijos, Y horadará su nariz? Job 41 1¿SACARAS tú al leviathán con el anzuelo, O con la cuerda que le echares en su lengua?
Suponte tú lo que es la verdá, que tú eres er mozo más pinturero, más bien dotao de perfil, más jechaíllo pa alante que hoy en Málaga luce las jechuras, y que tú le tiras el chambel a esa brotolita de nácar y que esa brotolita de nácar muerde el anzuelo y empieza a tomarte afición y te la toma a to trapo.
Éstas les servían de red y de anzuelo para pescar en seco, en esta forma: vestíanse de suerte que por la pinta descubrían la figura, y a tiro de arcabuz mostraban ser damas de la vida libre; andaban siempre a caza de estranjeros, y, cuando llegaba la vendeja a Cádiz y a Sevilla, llegaba la huella de su ganancia, no quedando bretón con quien no embistiesen; y, en cayendo el grasiento con alguna destas limpias, avisaban al alguacil y al escribano adónde y a qué posada iban, y, en estando juntos, les daban asalto y los prendían por amancebados; pero nunca los llevaban a la cárcel, a causa que los estranjeros siempre redimían la vejación con dineros.
Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter.
Uno había que, precedido de protocolos y vestido de púrpura, hacía de magistrado; otro que, para divertirse, llevaba la capa, el bastón, las sandalias y la barba cabría de un filósofo. Algunos iban de vendedores de pájaros y de pescadores, con diferentes cañas embadurnadas de engrudo o provistas de anzuelo.