anteojo


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anteojo

1. s. m. ÓPTICA Instrumento óptico para ver de lejos. catalejo
2. s. m. pl. ÓPTICA Instrumento óptico con dos cañones y con prismas ópticos en su interior para ampliar la visión. gemelos, prismáticos
3. Par de piezas de cuero redondas y con un agujero en el centro que se coloca delante de los ojos de los caballos espantadizos.
4. Amér. ÓPTICA Gafas, instrumento óptico con dos lentes montadas en una armadura que se coloca ante los ojos. lentes

anteojo

 
m. ópt. Instrumento óptico para ver objetos lejanos, compuesto esencialmente de dos lentes, una colectora de luz y otra amplificadora de la imagen formada por la primera.
anteojo astronómico El de gran precisión, apto para la observación de astros y otros objetos situados fuera de la Tierra.
anteojo terrestre o de Galileo Telescopio reflector muy semejante al anteojo astronómico cuyo objetivo está formado por una lente convergente y su ocular por una divergente. Se caracteriza por formar imágenes derechas.
pl. Cada una de las dos piezas de vaqueta, con un agujero en el centro, que se ponen delante de los ojos de los caballos espantadizos.

anteojo

(anteˈoxo)
sustantivo masculino
instrumento para ver objetos lejanos el aumento del anteojo
Sinónimos

anteojo

sustantivo masculino

ver con anteojo de aumento locución (col.)ponderar, exagerar, abultar, encarecer.

anteojo:

telescopiocatalejo,
Traducciones

anteojo

телескоп

anteojo

telescopi

anteojo

teleskopo

anteojo

bril, telescoop

anteojo

okulary

anteojo

óculos

anteojo

SM
1. (= lente) → spyglass, telescope, small telescope
anteojo de larga vistatelescope
2. anteojos (esp LAm) (= gafas) → glasses, spectacles, eyeglasses (EEUU) (Aut, Téc etc) → goggles; (= prismáticos) → binoculars; (para la ópera) → opera glasses; [de caballo] → blinkers, blinders (EEUU)
anteojos ahumadossmoked glasses
anteojos de conchahorn-rimmed spectacles
anteojos de sol, anteojos para el solsunglasses
Ejemplos ?
A las 12 y 10 »dos los buques enemigos izaron sus pabellones de honor, y se encontraban ya, tan cerca de tierra, que, aún sin, el auxilio del anteojo, era perceptible, al alcance natural, el movimiento de a bordo.
Aquella rendija, semejante al tubo de un colosal anteojo, puso a la vista de María de los Ángeles un mundo desconocido; un laberinto de corredores abiertos en la roca viva, sumergidos en tinieblas impenetrables y en las cuales el rayo del sol esparcía una claridad vaga y difusa.
La joven exhaló un ¡ah! de sorpresa y de íntimo placer; su rostro se inflamó, y el anteojo tembló entre sus manos convulsas. Acababa de descubrir a Francisco, que parado sobre la peña más alta, sostenía sobre su cabeza con ambas manos, el manto que se había quitado y que agitaba en el aire.
Clara había lanzado un agudo grito, el anteojo se cayó de sus manos, y exclamando con acento de suprema angustia: ¡Adiós, padre mío, voy a reunirme con Francisco!; se arrojó al mar, que la sepultó en su hondo seno.
En poco tiempo hubo corrido la vía láctea; y siento tener que confesar que nunca pudo columbrar, por entre las estrellas de que está sembrada, aquel hermosísimo cielo empíreo, que con su anteojo de larga vista descubrió el ilustre Derham, teniente cura .
Amaneció un día claro de octubre; las embarcaciones se distinguían tan preciso en el puerto, que parecían vistas a través de un anteojo.
El agrimensor, después de las presentaciones, dispone su teodolito, estudia el horizonte, toma algunos apuntes, hace cálculos, traza en su cartera pequeños signos cabalísticos, mira con atención en el anteojo, da vuelta a los tornillos, los baja, los sube, vuelve a escribir, todo en medio del más respetuoso silencio, interrumpido a ratos por los gritos de un chimango, que trata de hacer notar a esa gente que tarda mucho en devolverle su asiento.
También fui engañado en el parte, con referencia al mayor general y sus ayudantes, como el resto de oficiales, que nada hicieron, los unos porque se quedaron dentro del bosque, y los otros porque se extraviaron, pues no tenían baqueanos que darles, ni había quien me diese conocimiento del terreno, y sólo me dirigía por lo que veía con mi anteojo.
Inmediatamente hice echar el bote al agua y pasé a verlo por mí mismo y como encontrara un montecito a distancia de dos millas cubierto de bosques, única altura que allí se presentara en un llano espacioso que media hacia el Paraguay, me fui a él eché el anteojo y vi en efecto, un gran número de gente que estaba formada en varias líneas a la espalda de un arroyo que se manifestaba por el bosque de sus orillas.
Al estrado tercero suben los valientes, a trescientos metros sobre la tierra y el mar, donde no se oye el ruido de la vida, y el aire, allá en la altura, parece que limpia y besa: abajo la ciudad se tiende, muda y desierta, como un mapa de relieve: veinte leguas de ríos que chispean, de valles iluminados, de montes de verde negruzco, se ven con el anteojo; sobre el estrado se levanta la campanilla, donde dos hombres, en su casa de cristal, estudian los animales del aire, la carrera de las estrellas, y el camino de los vientos.
En la tercera se presentó digna y severa la reflexión, trayendo de una mano a la moderación cristiana, y de la otra a la prudencia humana: la primera, con su freno; la segunda, con su anteojo.
cuando emplea ese noble arte en indecencias como las que escribe; lea usted y verá el cuarto o quinto renglón «todo el auge de su esplendor», el sueldo de inválidas que deben gozar las letras, gracia que después nos repite en verso, el país de los pigmeos, los ojos de linces, el anteojo de Galileo para estrellas, los tatarabuelos de las letras, y otras mil chocarrerías y machadas, tantas como palabras, que ni venían al caso ni han hecho gracia a ningún lector, y que sólo prueban que el que las forjó tenía la cabeza más mal hecha que la peor de sus décimas, si es que hay alguna que se pueda llamar mejor; pues entre usted luego...