angélico

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angélico, -ca

 
adj. Angelical.
Sinónimos

angélico

, angélica
adjetivo
Ejemplos ?
El Padre del Verbo dijo «hágase», y lo que, diciéndolo el mismo Señor, se hizo, sin duda, se hizo por el Verbo; y sobre lo que dice que vio Dios que era bueno, no se nos significa bien claro que Dios, sin necesidad alguna suya, sino solamente por su bondad, hizo lo que hizo esto es, porque es bueno; y lo dijo después de haberlo hecho, para indicarnos que el objeto que fue criado cuadra y conviene a la bondad de aquel por quien fue hecho; cuya bondad, si se entiende que es el Espíritu Santo, toda la Trinidad se nos manifiesta en sus obras. De aquí la Ciudad Santa habitada de los angélicos espíritus celestiales, toma su origen, su información y bienaventuranza.
Y el artista lo vio como era, los sintió Dios y Mártir a un tiempo, lo amó con entrañas cargadas de fuego, y en la santa visión empapado, con divinos arrobos angélicos, con magnéticos éxtasis líricos, con sabrosos deliquios ascéticos, con el ascua del fuego dramático, con la fiebre de artísticos vértigos, la memoria tornando a los hombres ingratos y ciegos débiles o locos, ruines o perversos, invocó a la Divina Belleza donde beben bellezas los genios, los justos, los santos, los limpios, los buenos...
Sobre la opinión de los que sostienen que la creación de los ángeles ha sido anterior a la del mundo Pero para que ninguno porfíe con pesadas altercaciones, y digan que no fueron significados los espíritus angélicos en la expresión de la Escritura...
¿Quién no ha de llenarse de admiración al observar que Abraham procreó a Isaac de su esposa Sara, siendo tan anciana que naturalmente no podía concebir ni ser fecunda; al meditar que en el sacrificio de Abraham discurrió por el aire una llama que vino del Cielo por medio de las víctimas; al reflexionar que dieron noticia exacta a Abraham los ángeles de Dios del fuego abrasador que había de caer del Cielo sobre los ciudadanos de Sodoma, a cuyos espíritus angélicos había hospedado en su casa bajo la figura y traje de hombres...
no: que de la tierra las virtudes no cambian, sino crecen en el cielo: al blando son de angélicos latidos su voz levante tu piadoso celo, y de Dios sin cesar en el oído tu ruego suene, tierno y encendido.
Y dice que dejará sobre ellos señales, para que admirándose de ellas, crean en él, y que los que se salvaren de éstos, los despachará y los enviará a diferentes gentes, y a las islas más remotas, donde nunca oyeron su nombre ni vieron su gloria, y que éstos anunciarán su gloria a las gentes, y que traerán a los hermanos de estos con quien hablaba, esto es, a aquellos que siendo en la fe hijos de un mismo Dios Padre, serán hermanos de los israelitas escogidos, y que los traerán de todas las gentes, ofreciéndoles al Señor en jumentos y carruajes (por cuyos jumentos y carruajes se entienden bien los auxilios de Dios por medio de sus ministros e instrumentos de cualquier género que sean, o angélicos o humanos) a la ciudad santa de Jerusalén...
Todas las tropas del ejército celestial de los espíritu angélicos tiemblan y se estremecen de temor ante el glorioso poder de mi divinidad, que ha concedido el don de la vida a todos los seres animados.
A caa arbolillo que pega un estirón, tú no sabes la alegría que a mí me entra. Es como si creciese uno de mis niños, angélicos, que no llegaron a medrar.
Arriba, sobre iris y divinos resplandores, corona el Eterno a María por Reina del Empíreo; espíritus angélicos y bienaventurados se prosternan, la glorifican y la aclaman; la inmensidad de cabezas forma horizontes.
Manifestóse, pues, a los demonios, no en la parte que es vida eterna y luz inmutable que alumbra a los piadosos y temerosos de Dios, la cual los que la alcanzan a ver por la fe que es en él, se purifican y limpian, sino por ciertos defectos temporales de su virtud y por algunas señales de su impenetrable presciencia, las cuales se pudiesen descubrir a los sentidos angélicos, aun de los espíritus malignos, antes que a la flaqueza de los hombres.
De la Ciudad soberana, donde la voluntad de Dios sirve de ley inteligible e inmutable, de aquella corte soberana, nos vino por ministerio de los ángeles (quienes cuidan en ella de nosotros) el divino oráculo que dice: «El que sacrificare a los dioses y no lo hiciese solamente a Dios será desterrado de esta Ciudad.» Este oráculo, esta ley, este precepto, está confirmado con tantos milagros, que nos manifiesta evidentemente a quien quieren los espíritus angélicos y bienaventurados..
Si el mundo como pobres os desprecia, si no veis vuestro albergue solitario con bruñidos espejos de Venecia, con flamenco tapiz y mármol patrio, bendecid al Señor: de sus tesoros vendrán al cabezal de vuestro lecho espíritus angélicos en coros, que endulzarán la hiel de vuestro pecho.