ancla


También se encuentra en: Sinónimos.

ancla

(Del lat. ancora.)
1. s. f. NÁUTICA Instrumento de hierro forjado, fuerte y pesado, con forma de anzuelo doble que, aferrándose al fondo del mar, sirve para sujetar una embarcación el ancla del barco se aferró en la masa coralina. áncora
2. CONSTRUCCIÓN Pieza de metal duro que une o refuerza las partes de una construcción.
3. echar anclas NÁUTICA Fondear una embarcación.
4. levar anclas NÁUTICA Zarpar, salir una embarcación del fondeadero o del atracadero.

ancla

 
f. mar. Instrumento de hierro, en forma de arpón o anzuelo doble, que, pendiente de una cadena, se echa al mar para que se aferre a su fondo y sujete la nave o para producir efectos evolutivos en las maniobras.
Echar anclas. Dar fondo, fondear.
Levar anclas. Levantarlas para salir del fondeadero.

ancla

(ˈankla)
sustantivo femenino
1. náutica objeto pesado de hierro que sujeta las naves al fondo del mar Los marineros echaron el ancla en el puerto.
2. arquitectura pieza de hierro que une dos partes en una construcción el ancla del muro
Sinónimos

ancla

sustantivo femenino
áncora (formal), ferro.

echar anclas locución (marina) anclar, fondear.
levar anclas locución salir*, partir, alejarse, arrancar, zarpar, a la la mar.

ancla:

áncora
Traducciones

ancla

Anker

ancla

ancre

ancla

kotva

ancla

anker

ancla

ankkuri

ancla

sidro

ancla

ancla

ancla

anker

ancla

anker

ancla

kotwica

ancla

âncora

ancla

ankare

ancla

สมอเรือ

ancla

çapa

ancla

mỏ neo

ancla

ancla

котва

ancla

ancla

SFanchor
echar anclasto drop anchor
levar anclasto weigh anchor
ancla de la esperanza (Náut) → sheet anchor (fig) (= única esperanza) → last hope
Ejemplos ?
¿No me ha de importar si lo único que yo coício es tirar alguna vez el ancla en esa badía de náca, aonde yo tengo cimentás toítas mis ilusiones?
-Calle usté, si es que esta mañana, casi entre dos luces, se me vino a la reja mi pájaro bobo y pegó la hebra, y como cuando empieza nunca arremata, ¡pos velay usté! -Y hasta ahora no ha izao el ancla ese guasón de cuerpo entero, ¿verdá?
Tú estás ya que jaces gárgaras, y con razón, por la hija del señor Curro, que es un fenómeno de bonita; ella te mira a ratos y no de mu mala manera, pero dice a tus arrullos que nanai, porque le teme a su padre más que al terral, y que tan y mientras tú no platiques con su padre y su padre no te vise el pasaporte, puées izar el ancla y largar el velamen y dirte por esos mares e Dios en busca de atunes...
«Un marino» significaba, precisamente, un joven de veinte a treinta años, con patillas a la catalana, tostado de rostro, cargado de espaldas, de andar tardo y oscilante, como buque entre dos mares, con chaquetón pardo abotonado, gorra azul con galón de oro y botón de ancla, corbata de seda negra al desgaire, botas de agua, mucha greña, y cada puño como una mandarria.
Al ancla, Iquique, mayo 21 de 1879 El oficial de detall Pedro Rodríguez Salazar Señor don Miguel Grau Distinguido señor: Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del “Huáscar” en 2 de junio del corriente año.
La estructura socio-territorial actual se ancla sobre cargas históricas inerciales, rugosidades estructurales y funcionales que definen el marco de potencialidades y restricciones históricas para los agentes de desarrollo, actores políticos y fuerzas sociales.
Y convencido el Melindres de lo cierto que era lo que decía, izó el ancla y salió a toda vela con dirección al establecimiento portátil del irascible zapatero, y -Güenos días, agüelito -exclamaba deteniéndose delante de éste, algunos minutos después.
Como, aunque de invierno, la mañana parecía de primavera y el sol caía como áurea y resplandeciente caricia y ostentaba el cielo su más intenso azul y apenas si una brisa suave hacía ondular las flores, que en miserables tiestos y malparadas macetas lucían acá y acullá sus vivísimos colores en balconcillos a los que se llega con las manos, y en ventanas al nivel casi del no limpísimo suelo; como el día, repetimos, era de los que dieron y dan fama a esta tierra andaluza, en la que Dios quiera nos den las penas sus últimos acosones y nos visen el pasaporte cuando sea llegada la hora de izar el ancla con rumbo desconocido...
Autor: Monitor Huáscar Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879 Dignísima señora: Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla.
Éste, que parecía resignadísimo a no paladear más goce que el no exento de amargura que su intimidad con la Niña le proporcionaba, no había día en que no pasase, al dirigirse al taller, por su reja para en ella dejar a su paso un misterioso suspiro; en que a la salida del trabajo no cambiase en la ventana de la Niña algunas frases con ésta, y en que llegada que era la noche, no echara el ancla casi a diario en su bahía durante algunas horas, distrayéndola con sus donosos decires o cantándole los tangos más en boga a los sones de la por él bien tañida vihuela.
-gritó en tono de zumba el anciano, y después continuó con acento irónico-: Ay, comadre de mi corazón, y cómo se conoce que fue una gata morisca aquella por mo de la cual jechó usté el ancla en esta badía.
Rosario vivía en calle de los Cristos, cerca del lavadero donde se ganaba honradamente la vida desde la noche aquella en que su Curro hubo de izar el ancla para irse a vivir con la Gorgoritos.