Ejemplos ?
Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas por dos cosas lo dejaba: la primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la flaqueza que de pura hambre me venía; y la otra, consideraba y decía: “Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y, dejándole, tope con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura.
NOSOTROS, CIUDADANOS CUBANOS, herederos y continuadores del trabajo creador y de las tradiciones de combatividad, firmeza, heroísmo y sacrificio forjadas por nuestros antecesores; por los aborígenes que prefirieron muchas veces el exterminio a la sumisión; por los esclavos que se rebelaron contra sus amos...
Las instituciones tenían como objetivo regular la extracción de la riqueza para favorecer a la corona española en la colonia, y en la época llamada independiente, pretendieron favorecer a los criollos y sus amos europeos.
¿Pero qué clase de cuidado de los dioses es la santidad? Eutifrón: El cuidado que los criados tienen por sus amos. Sócrates: Ya entiendo; ¿la santidad es como la sirviente de los dioses?
Él un cerrado campo abrió con amplia linde, y él una casa a nos, y él me dio a mi dueña junto a la que comunes ejerciéramos nuestros amores; adonde mi radiante divina con blando pie 70 se vino, y en el hollado umbral su fulgente planta, apoyada en su delatora sandalia, apostó, como un día flagrante advino, de su esposo por el amor, Laodamía a la casa de Protesilao, empezada en vano, cuando todavía, con su sangre consagrada, 75 la víctima a los celestiales amos no había pacificado.
María Vicenta se echó al suelo, pegó el rostro al de su hijo y así permaneció un rato largo, sin llorar, sin moverse, cual si se hubiese dormido. Por fin, la llamaron, la sacudieron, gritaron a su alrededor: -¡Los señores amos!
¡María Vicenta! ¡Érguete! ¡Están ahí los señores amos! Rígida, muda, se levantó la costurera, mostrando respeto. Eran, en efecto, los señores, los propietarios de su humilde casa, los que le daban costura, la enseñaban a trabajar, la protegían bondadosamente.
Eran los amos de la aldea, los dueños de la quinta; un caballero de barba gris, una dama cuarentona, muy retocada, de traje de percal incrustado de entredoses, sombrero y sombrilla de encaje negro.
Ítem, se ordena y manda que tocando la queda no salgan fuera de la casa de sus amos, y si fueren hallados por las calles sean llevados a la Cárcel a donde se le den cincuenta azotes y más pague el cancelaje, y si no se le diere los dichos azotes que el Alguacil que le prendiere no pueda llevar carcelaje, y la misma pena se entienda hallándose en cualquiera casa fuera de su amo después de la dicha queda.
Todo lo cual era cierto, Porque el alcaide en Perona Almacenaba por años Su provision, que aunque corta Bastaba para su gente, Que descuidada y ociosa En la cuidad se ocupaba Todo el año sin zozobra. Y en esto siempre sus amos Hicieron la vista gorda Pues nunca anduvo la paga De la guarnicion de sobra.
Ellos se buscaban vida En la ciudad mas gustosa Donde hallaban amos ricos, Juegos, pendencias y mozas. Y en caso de una imprevista Necesidad poderosa, Siempre en el castillo hallaban Casa grande y mesa sobria.
Bajó el puente y en el patio Entróse sin ceremonia Un hombre que dijo á voces Desde el caballo que monta. ---¡Ola alcaide! vuestros amos Llegan mañana á estas horas. ---Mañana!