americanista

americanista

1. adj. Que tiene relación con América.
2. s. m. y f. Persona que estudia la lengua, cultura y otras peculiaridades de América.

americanista

 
adj. Relativo a las cosas de América.
com. Persona que cultiva y estudia las lenguas y antigüedades de América.
Traducciones

americanista

SMF
1. (= estudioso) → Americanist, specialist in indigenous American culture; (= literato) → specialist in American literature
2. (CAm, Méx) (= aficionado) person with a liking for North American ways etc
Ejemplos ?
Pero hay todavía algo más que interesa en las actas de este Congreso americanista limeño, reunido hace 98 años, largo lapso que no importa mayormente conocer a la frívola mentalidad común actual, porque descuenta, poseída de un equivocado sentido admirativo de su época, que en el pasado no existían las mismas preocupaciones morales y políticas, pequeñas y grandes, de hoy.
Señor Presidente: frente a estos interrogantes descarnados y que – lo preveo – se dirá exentos de calor y de color americanista que me propongo; ante estas preguntas primordiales que por lo mismo son las que corresponde que en el caso se formule y resuelva el legislador oriental antes de disponerse a comprometer para el presente y el futuro un patrimonio moral y material que no es suyo propio; nosotros, los Senadores del Partido Nacional, llegamos a las conclusiones que en lo principal voy a puntualizar abreviadamente.
Orgullo de auténtico cuño americanista, produce seguir la vía crucis que hasta aquí ha andado penosamente los seis o siete formularios del ante-proyecto de Washington.
Estas han sido las consecuencias del espíritu americanista que ha mantenido el Ecuador, injustamente obligado a ofrecer a más de sus vidas, las tierras de su heredad, en aras de la armonía continental y de un Panamericanismo, que no ha tenido raigambre en la conciencia continental ni reciprocidad noble de parte de las demás naciones americanas.
( Ricardo Levene) : Felipe Ferreiro, tan conocedor de toda la historia hispanoamericana y poseedor de una tan selecta biblioteca verdaderamente americanista, además de ser tan sagaz conocedor de todas las corrientes ideológicas de fines del siglo XVIII y de principios del XIX, nos ha demostrado la ecumenicidad o universalismo de las ideas políticas suarecianas, ya que fueron populares así en Méjico como en el Ecuador, así en Nueva Granada como en el Alto Perú.
Hablaremos, no como un mal llamado insurrecto, sino como un americanista que no ha dejado de ser filipino; hablaremos como un hombre racional que atiende, no solo á las conveniencias del cuerpo, sino tambien á las del espíritu; nos haremos eco fiel de la opinion publica menos dispuesta à la guerra, sin predicar los ideales que hemos sostenido y seguimos sosteniendo à impulsos de nuestras propias convicciones.
Nuestro país aceptó jubiloso esta oferta tripartita y la prensa nacional, así como los círculos diplomáticos aplauden fervorosamente este gesto dado por las naciones amigas; a la vez que, insinuábase que el Perú contribuyera con americanista para llegar a un Acuerdo decisivo y decoroso.
Serias deliberaciones se sucedían en torno a la situación neurálgica que mostraba América, en los precisos momentos que reclamaba una síntesis espiritual americanista y una cooperación conjunta para su defensa.
Con esta tragedia y vergüenza nacional, pasó a la Historia el cínico Gobierno de Freile Zaldumbide, envuelto en las más duras acusaciones y señalado por la conciencia americanista como criminal sectario.
Sus expresiones no eran producto de cálculo ni de otra consideración que no fuera la manifestación sincera de su profundo ideal americanista.
Porque como se lo expresa en carta del 10 de mayo de 1846, “ESTA CONTIENDA EN MI OPINION, ES DE TANTA TRASCENDENCIA COMO LA DE NUESTRA EMANCIPACION DE LA ESPAÑA”; se trata de la “defensa de los sagrados derechos de nuestra Patria” - dice en carta a Tomás Guido del 20 de octubre de 1845, y prosigue en actitud demostrativa de su permanente sentido americanista: “derechos que los demás Estados Americanos se arrepentirán de no haber defendido o por lo menos protextando contra toda intervención de los Estados Europeos”.
II Señores delegados: Si es verdad que cumplisteis un acto de significativo justicia y claro sentido americanista al allegaros hasta el pie de la estatua de Artigas, no es menos cierto que lo realizasteis igualmente junto con nosotros, al rodear poco después la tumba de Manuel Oribe.