Ejemplos ?
Estaba adornado el bautisterio de pinturas análogas al sacramento y alhajado con muchos vasos de oro y de plata para guardar los santos óleos y verter el agua.
En la cúspide de la popularidad, Garbo dejó el mundo del cine a la temprana edad de 36 años y vivió el resto de su vida en un bien alhajado apartamento en Nueva York cerca de Central Park, totalmente retirada y evitando cualquier contacto con los medios informativos.
En sus orígenes, el templo fue alhajado con altares, imágenes y ornamentos litúrgicos procedentes de Francia, adquiridas con los fondos recolectados de los pobladores de la ciudad.
Hizo que le introduxeran en casa de su magestad; y le lleváron por una mala escalerilla á un segundo piso, donde halló en un aposento pobremente alhajado una muger mal vestida, que con noble y patético ademan le dixo: Mi oficio no me da para vivir; uno de los príncipes que habeis visto me ha hecho un hijo: estoy para parir: no tengo dinero, y sin dinero todo parto es un mal parto.
Es de advertir que nosotros no ocupábamos el vasto salón principal, sino otro más chico bien alhajado, arrendado por los miembros de la aristocrática Sociedad La Pecera, que, por si ustedes no lo saben, es el Veloz Club marinedino (tengo la honra de pertenecer a su Junta directiva).
Mas yo quiero que el orador, como un rico y buen padre de familia, esté a cubierto de un edificio que, no sólo le defienda de las lluvias y vientos, sino también que agrade a la vista y a los ojos; que esté alhajado, no solamente de las precisas alhajas, sino que en sus aparadores haya también oro y piedras preciosas que por recreo puedan tomarse en las manos, y mirarse muchas veces, y algunas otras se guarden como gastadas y añejas; no hay palabra como amohecida, ni la sentencia esté formada con pesadez y pereza a la manera de los Anales; huya la fea e insulsa chocarrería, varíe la composición, y no acabe de una misma manera todos los periodos.
Llegado a Uruguay, Buschental adquirió una vieja casa, que mandó demoler, en la calle Sarandí entre la ahora Bartolomé Mitre y "la Calle Angosta", ahora Juncal, levantando un palacete de dos plantas, alhajado totalmente con mobiliario y elementos de adorno importados directamente de París.
Diseñado por el arquitecto Jones Brown, fue alhajado por la mayor suntuosidad conocida en la época: muebles importados de Italia, vajilla de Limoges, cristalería de Murano, alfombras de Esmirna, mantelería de hilo italiano.