Ejemplos ?
Un cuarto de hora después llegó doña Ana con su insepara- ble maríscala, ambas puestas de veinticinco alfileres y des- lumhrando con el brillo de las alhajas.
Hubo sartas de insolencias, y diluvios de moquetes, codazos y pisotones y sangrías de alfileres, hasta que al fin por la plaza, con lanzones y broqueles, entraron por varias calles, a son de clarín, jinetes.
Ésta, no hay dama en Sevilla que no conozca, por que con las más introducida está, por su habilidad, 18 pues vendiendo bujerías, como abanicos, color, alfileres, barros, cintas, guantes y valonas, y otras semejantes baratijas, se introduce; y con aquesto por el ojo de una tía meterá un papel, y hará con tan rara y peregrina maña un embuste que muchos, siendo así que eso es mentira, la tienen por hechicera.
Escena XVI SANTARÉN y DON DUARTE dentro, al torno. Dichos. SANTARÉN ¿Compran peines, alfileres?... POLONIA Todo nos sucede bien. ¡Ah, socarrón Santarén!
La doncella abrochaba la falda de seda rameada azul oscuro, y prendía con alfileres la pañoleta de encaje, sujeta al pecho por una cruz de brillantes y zafiros -el último obsequio de Revenga, traído de París-.
Mas no siempre conseguía aquietarse, pues entonces se presentaban viejos recuerdos y descorrían sus cortinas, las cuales tienen a veces alfileres que pinchan.
y gastos de su Real Casa sea la de cuarenta millones de reales, segun acordaron las Córtes el año de 1814: 2º Para gastos de Cámara, vestido y alfileres de S.M.
Preguntado el médico, declaró que no había tal corona, y que sólo se observaban en la frentecita de la recién nacida, y entre la pelusa que cubría su cráneo, unas manchas rosa, como huellas de picadas de alfileres.
La codicia y la envidia despertó en los rufianes voluntad de hurtarme, y andaban buscando ocasión para ello: que esto del ganar de comer holgando tiene muchos aficionados y golosos; por esto hay tantos titereros en España, tantos que muestran retablos, tantos que venden alfileres y coplas, que todo su caudal, aunque le vendiesen todo, no llega a poderse sustentar un día; y, con esto, los unos y los otros no salen de los bodegones y tabernas en todo el año; por do me doy a entender que de otra parte que de la de sus oficios sale la corriente de sus borracheras.
El buen patricio, no vale mentir, se había aprendido su discurso de memoria: era sobre poco más o menos y tal como la habían publicado los periódicos, la oración fúnebre de cierto correligionario, mucho más ilustre que yo, pronunciada por un orador célebre de nuestro partido. Pero al buen Gómez se le había olvidado más de la mitad, mucho más, de la arenga prendida con alfileres, y allí eran los apuros.
Curiosos hubo que se llegaron a hincarle alfileres por las carnes, desde la punta hasta la cabeza: ni por eso recordaba la dormilona, ni volvió en sí hasta las siete del día; y, como se sintió acribada de los alfileres, y mordida de los carcañares, y magullada del arrastramiento fuera de su aposento, y a vista de tantos ojos que la estaban mirando, creyó, y creyó la verdad, que yo había sido el autor de su deshonra; y así, arremetió a mí, y, echándome ambas manos a la garganta, procuraba ahogarme diciendo: ¡Oh bellaco, desagradecido, ignorante y malicioso!
Al no darle yo respuesta porque me quedé confuso y como avergonzado por aquella pregunta, se levantó para traer y colocar sobre la mesa varios aparaticos, a cuyo examen me sometió sucesivamente, haciéndome permanecer de pie, sentarme, recostarme, contar, vendándome los ojos para picarme con alfileres o levantar pesas sujetas a las piernas; estrechar un globo de caucho, ceñirme a la muñeca un mecanismo de reloj terminado con una pluma que trazaba sobre una cinta larga línea ondulante y rítmica; levantar diversas masas de hierro, buscar la incógnita de una ecuación y traducir por escrito un texto de Aristófanes del original griego, mientras que él contaba los minutos inclinado sobre el cronómetro como tomándole el pulso a mi inteligencia.