alfalfa

alfalfa

(Del ár. al-fasfasa.)
1. s. f. BOTÁNICA Planta leguminosa, de hojas con el borde dentado y flores violetas o azules en racimos, que se cultiva para forraje. mielga
2. alfalfa arborescente BOTÁNICA Arbusto de hojas dentadasy flores amarillas, cultivado como planta de adorno y de forraje.
NOTA: Nombre científico: (Medicago arborea.)
NOTA: También se escribe: alfalfe

alfalfa

 
f. bot. Planta vivaz de la familia papilionáceas (Medicago sativa). Se cultiva como planta forrajera y también se destina a la elaboración de piensos.

alfalfa

(al'falfa)
sustantivo femenino
planta forrajera de hojas compuestas Con alfalfa se alimenta el ganado.
Traducciones

alfalfa

Luzerne, Afalfa

alfalfa

luzerne

alfalfa

luzerne

alfalfa

alfafa

alfalfa

μηδική

alfalfa

люцерна

alfalfa

lucerne

alfalfa

アルファルファ

alfalfa

알팔파

alfalfa

Alfalfa

alfalfa

SFlucerne, alfalfa

alfalfa

f (bot) alfalfa
Ejemplos ?
La eficacia de la acción crediticia de la Institución se reflejó en el valor total de las cosechas obtenidas por las sociedades locales de crédito que en el período a que se refiere el presente Informe, ascendió a la cifra de $ 84.069,939.78, resultado los cultivos de algodón, de maíz, de henequén, de alfalfa, de arroz y de trigo, en los que el Banco y las sociedades ejidales controlan un volumen muy considerable de la producción nacional.
No es cuento de que yo me eche á borronear carillas de papel, que con lo apuntado sobra para que el lector se forme concepto del libro, que tuvo gran boga en su tiempo, y del que no había, en Lima, casa de buen gobierno ó de matrimonio bien avenido, donde no hubiese un ejemplar más manoseado que la Alfalfa espiritual para los borregos de Cristo y la Bula de Cruzada.
Y, sobre todo, ¡cuán veloz me parecía aquel vasco, cuyo respirar de fuelle de herrería creía sentir rozarme los cabellos! Volábamos sobre la alfalfa: ¡qué larga es media cuadra!
Algunos cambios, asimismo, pudo notar el viajero; las majadas que, cuando se fue, eran todas merinas, se habían vuelto Lincoln; en muchas partes, se ordeñaba vacas por centenares; en las lomas, había mucha tierra arada y por todas partes, parvas grandes de alfalfa.
Un domingo de agosto del año 1626, hallábase agolpado gran concurso de gente a la puerta de la catedral de Lima, templo que apenas llevaba diez meses de consagrado, leyendo un cartelón o edicto, de cuya parte considerativa quiero hacer gracia al lector, limitándome a copiar sólo la dispositiva, que a la letra dice: «Mandamos que, de aquí en adelante, sea bien guardado el domingo, día del Señor; que no se abran las tiendas en día de fiesta; ni afeiten los barberos; ni se venda en el lugar que llaman Baratillo; ni los panaderos amasen en estos días; ni de las haciendas del campo se traiga alfalfa...
Con sequía y todo, la alfalfa así regada daba cosechas de increíble abundancia; y con las compuertas de fácil manejo y el sistema de zanjas de desagüe mejorado por inteligente dirección, ya no había temores de grave inundación.
¡Él da juntamente alfalfa a los irracionales, espárragos y otras hierbas a los hombres, flores y suspiros a las mujeres, flores y cánticos a la Virgen!
La cabra se coló un día entre los alambres y fue a visitar al caballo, queriendo comprarle un poco de pasto verde; el caballo la convidó a comer y puso a su disposición su retazo de alfalfa.
Esto ya le quitó las últimas dudas que pudiera haber tenido de que Sapito era un tesoro; pues de haber duplicado el valor de los novillos en un año, al mismo tiempo que les sacaba la chicha con el arado, y producía con su trabajo maíz, papas, zapallos, verduras y todas esas cosas que si poco le gustaban a don Benito no dejaban de ayudar a la manutención de la familia, le parecía rayar en milagro, y cuando el muchacho le aseguró que haría bien en comprar semilla de alfalfa para sembrar siquiera algunas cuadras apenas, apenas se hizo rogar en aflojar los pesos.
Roturó y sembró de maíz, de trigo y de alfalfa lo que pudo, ensanchando, cada año, algo más el área cultivada, con la paciencia del que tiene más voluntad que elementos, pero con la seguridad de que su trabajo sería recompensado con generosidad.
La verdad que todo esto parecía y era realmente muy poca cosa; pero el pobre no había podido hacer más; no tenía para comprar semillas costosas como la alfalfa, que entonces apenas era conocida y valía un platal, y por lo que toca a los animales, si bien era cierto que casi se podía decir que con los pocos que había podido comprar, su campo quedaba sin poblar, por otro lado le quedaba la esperanza que siempre puede tener, de un aumento, el que tiene poca hacienda en mucho campo.
Volvió la hoja Rinconete, y vio que en otra estaba escrito: MEMORIA DE PALOS Y más abajo decía: Al bodegonero de la Alfalfa, doce palos de mayor cuantía a escudo cada uno.