Ejemplos ?
Que tu sonrisa sea como el albor del día, tu voz como el murmullo de arroyo bullidor, tu aliento como esencia de las que el Asia envía, y tus palabras ricas de espiritual sabor.
Porque al primer albor de nuestra vida en el alma inocente la ventura se anida, Y preciosa guardamos en la mente de azul y grana la ilusión teñida.
Claridad diáfana, limpia, extendida y trasparente, desvanecida igualmente del aposento en redor, que en ningún término expira ni de ningún punto emana, de una tranquila mañana semeja el temprano albor.
Yo desprecio sus furores; y aquí solo, sin señores, de pesadumbres ajeno, oigo el huracán sereno y canto al crujir del trueno mis amores.» «El albor de la mañana, en sus matices de rosa, me trae la imagen graciosa de mi maja sevillana, y en sus variados colores me pinta las lindas flores del suelo donde nací, donde inocente reí, donde primero sentí mis amores.» «Cuando la enemiga bala chilla medrosa a mi oído, ya mi contrario caído el alma rabioso ecsala.
No es reposo el sopor que las abruma; para su noche no hay albor temprano; y la conciencia, velador gusano, les roe inexorable el corazón.
Y otra vez a la luz abres los ojos, al mismo tiempo que la aurora hermosa abre también sus párpados de rosa, y da a la tierra el deseado albor.
RA/ 1820 de 9 de Marzo de 1820) = Albor revolucionario Las primeras manifestaciones de que Cuenca hace el espíritu de independencia son consecuencia del estudio, en unos, de la reflexión en otros, y del contagio de imitación en los demás, si bien en todos acusa una ansia nobilísima de mejoramiento.
Bien sabes que yo siempre En tu amor embebido, Jamás toqué tus plumas, Ni ajé tu albor divino; Si otro puede tocarlas Y disipar su brillo, Salva tu mejor prenda, Ven al seguro asilo.
Acaso un ave su volar detiene Del fúnebre ciprés entre las ramas, Que a lamentar con sus gorjeos viene La ausencia de la luz: Y se despide del albor del día Desde una alta ventana de la torre, O trepa de la cúpula sombría A la gigante cruz.
De la Cóndor el vuelo, cuando desde las nubes señorea tu frutecido suelo y en el campo del cielo con los rayos del sol se colorea; Y de mi dulce hermano y de mi tierna hermana las caricias; y las que vuestra mano en el albor temprano de mi vida sembró, puras delicias, ¡Oh, madre!; ¡oh, padre mío!
Eso trae, y eso al traer, trae de mi alma al interior de la esperanza el albor, la luz del amanecer, la prez de vuestro favor, el vapor de vuestro ser, no como el de una mujer sino como el de una flor: la flor que planta el deber y que cultiva el honor.
Ya (mal distinto entonces) el rosado propicio albor del Héspero luciente, que ilustra dos eclípticas ahora, purpureaba al Sandoval que hoy dora.