Ejemplos ?
Jamás había tocado otra. Era fría como la piel de una serpiente y me dejó una huella ardiente como la marca de un hierro al rojo vivo.
La dirección del film había exprimido hasta la tortura aquel prodigio de expresión, y la escena se sostenía un infinito número de segundos, cuando uno solo bastaba para mostrar al rojo blanco la crisis de un corazón en aquel estado.
Las pompas temblaban y flotaban, presentando bellísimos y cambiantes colores, que iban del amarillo al rojo, del lila al azul, adquiriendo luego un tono verde como hoja del bosque cuando el sol brilla a su través.
Las negras arcadas, las columnas y sus capiteles, las capillas profundas y brillantes de oro y plata, las galerías, las figuras sarracenas recortadas, los más delicados trazos de tan delicada escultura se dibujaban en aquella luz excesiva, como caprichosas figuras que se forman en un brasero al rojo.
Pero para esto debe pasar por encima de una placa de hierro que ella no ve y que mantienen siempre al rojo vivo; él se divierte, por una ventana, viendo lo que hará: si se quemará o si preferirá morir de hambre.
Por la noche, después de la frugal cena de su patrón, volvía a su habitación y reanudaba su trabajo con las ropas mojadas que humeaban sobre su cuerpo delante de la estufa al rojo.
‑Lo he leído todo ‑se decía. Y se quedaba poniendo las tenazas al rojo en la chimenea o viendo caer la lluvia. ¡Qué triste se ponía los domingos cuando tocaban a vísperas!
No se conformaba con esto la pícara cabeza, pues también había dado en la manía de consagrarse a la investigación de la verdad y de los orígenes de las cosas, y andaba vuelta tarumba con el problema del conocimiento, el sujeto y el objeto, la apariencia y la substancia, el fenómeno y el noúmeno y otras cuestiones baldías, que recalentaban al rojo blanco aquel pobre meollo, emperrado en dar vueltas, lo mismo que una devanadera, alrededor de enigmas que hasta la presente no se sabe que hayan encontrado solución satisfactoria.
"Cuando la varilla alcanzó el rojo blanco, los dos hombres se precipitaron sobre él; con sus robustos dedos le abrieron los párpados, mientras el tercero aproximaba la punta de la barra de hierro al rojo blanco, primero a un ojo, después a otro.
Lentamente, en el fondo de la negra noche, un gigantesco huevo de acero al rojo blanco, entre dos columnas, dobla lentamente su punta hacia una cúpula.
Tú y yo hemos vagado por los mundos que giran en torno al rojo Arcturus, y hemos vivido en los cuerpos de los filósofos-insectos que se arrastran orgullosos sobre la cuarta luna de Júpiter.
Entre los que cavaban la tierra en pos de la vena metálica, había uno, cuyo rostro inundado de sudor expresaba profunda tristeza. De vez en cuando brillaba en sus ojos una mirada siniestra, semejante al rojo fulgor de un volcán en noche oscura.