Ejemplos ?
El bandolerismo ahuyenta de los campos a los labradores, el agente principal de la producción agrícola, en un país que desde hace veinte años más sabe dónde está el fondo de sus cajas.
Pero tu alto amor, que el báratro fue más alto aquel, el que, aunque indómita, a llevar el yugo te enseñó, pues ni tan querida es la cabeza, para un padre agotado por la edad, de un tardío nieto que su única hija alimenta: 120 el cual, cuando, apenas al fin siendo encontrado para las riquezas del abuelo, su nombre éste ha inscrito en las testadas tablillas, y los impíos goces de un burlado pariente evitando, ahuyenta de su cana cabeza un buitre; ni tanto se regocijó en su níveo palomo ninguna 125 collera suya, de la que, se dice, mucho más ímprobamente besos con su mordiente pico siempre arranca que la que principalmente muy deseosa es, la mujer.
El primo Guillermo masculló: -¡Supersticiones! ¿No sabes, acaso, que el perfume de las orquídeas ahuyenta a las serpientes? -¿Y qué piensas hacer tú?
aleja, aleja el vuelo de estos desoladores ángeles enemigos; que no talen mis flores, ni atizonen mis trigos. Ahuyenta, madre, ahuyenta la chusma turbulenta; y te pondré en la falda olorosa guirnalda de rosa, nardo y lirio; y haré que tu sagrario alumbre un blanco cirio por todo un octavario.
No se olvidarán de ti, oh Menelao, los felices e inmortales dioses y especialmente la hija de Zeus, que impera en las batallas; la cual, poniéndose delante, desvió la amarga flecha: apartóla del cuerpo como la madre ahuyenta una mosca de su niño que duerme plácidamente, y la dirigió al lugar donde los anillos de oro sujetaban el cinturón y la coraza era doble.
De mi agitado sueño las escenas de horror benigno ahuyenta; la imagen de mi dueño en vez de ellas presenta, y haz que tu grata voz mi oído sienta.
Juan de Austria. A costa de ricas presas ahuyenta á los Corsarios de aquellos mares, y salva de un naufragio á las galeras de Requesens.
También sueña con irse afuera el hacendado, agobiado por el precio del arrendamiento, en los campos de adentro, de donde el arado ahuyenta la oveja.
El fuego ahuyenta las bestias; agreguemos combustible a nuestra hoguera y su radio lumínico crecerá, y dominando a la oblicua pupila del felino, dilatará nuestro campo.
En balde el humo de los pebeteros embalsama la opulenta cámara; en balde la seda de brillantes colores se ha extendido sobre diez pieles de tigre para que descansen sus miembros; en balde han invocado los bracmines por siete veces al espíritu del reposo y al genio de los sueños de nácar; el Remordimiento, sentado a la cabecera del lecho, los ahuyenta con un grito lúgubre y prolongado, grito que resuena incesante en el oído de Pulo, que golpea su frente con dolor al escucharlo.
Deja un instante el cielo soberano; un instante no más torna a ser hombre; la espada vibre tu robusta mano, y tu presencia al enemigo asombre: mas no te aguardará su miedo insano; a dispersarlos bastará tu nombre, cual a palomas tímidas ahuyenta el lejano rumor de la tormenta.
Si alguien a causa de la pereza de sus manos ha arrebatado grandes riquezas, o con el ejercicio de su lengua ha despojado a otro y estas cosas son frecuentes, porque el deseo de ganancia turba el espíritu y la impudicia ahuyenta el pudor, los Dioses arruinan fácilmente a tal hombre; su raza decrece, y no guarda él sus riquezas sino poco tiempo.