afanes

afanes

(aˈfanes)
sustantivo masculino plural
trabajos excesivos, situaciones difíciles Después de muchos afanes terminó sus estudios.
Ejemplos ?
Era alegre sólo cuanto bastaba a defenderle de parecer afectadamente triste. Su persona fue robusta y sufrida lo que era necesario para tolerar los afanes de la guerra.
Al poco tiempo de haberse iniciado en aquel oficio, le aumentó unos cuantos centavos a su escaso sueldo. Endeble, pero alentadora recompensa a sus afanes.
XXIV.- Trata de ser fuerte en lo favorable o en lo adverso, mas tu fuerza oriéntala en favor de la justicia. XXV.- No sólo te afanes en encontrar a los que necesitas, procura descubrir a los que de ti puedan ser favorecidos.
-decía-. ¡Ah! ¡Si supierais con qué afanes los he ganado! ¡Todo un verano segando bajo el fuego del sol!... ¡Todo un verano lejos de mi pueblo, de mi mujer y de mis hijos!
Por lo demás, si los actores de la epopeya que sobrevivieron a 1828 y tuvieron la dicha de alcanzar los tiempos de la República y participar de los afanes de la organización, afirmaron siempre, y con orgullosa uniformidad, que solo habían combatido por la independencia, téngase presente, para constatar que antes ni lo habían negado, ni lo ocultaron, que esa es la impresión que recogen los hermanos argentinos, soldados y estadistas, y no hay razón ni derecho para tacharla.
Aceptarás con satisfacción y ánimo grato: sus sanciones, sus consejos y sus órdenes. Serás respetuoso y procurarás que tu comportamiento sea la mejor retribución a sus afanes.
Consumada esa operación “alegre y confiado”, salió el sesudo arribeño otra vez a la campaña a alcanzar la masa combatiente para presentarle el convenio como fruto, el más exquisito de sus desvelos y afanes patrióticos.
porque el hombre ignoto, el verdadero, insólito y anónimo, persistirá en su aventura opacada, en sus intentos de incendio, en sus afanes de marcha...
Atena ::Lo sabia, Ulises, y por ello, benévola, hace rato me he puesto en camino para proteger tu caserío. Ulises ::Dime, pues, mi buena señora, si atinan mis afanes.
Más tarde el maestro Ermilo Abreu Gómez y la maestra Rosario María Gutiérrez Eskildsen pulirían nuestros caminos expresivos con las azules miradas de sus ojos complacientes y comprensivos. Y fueron los testigos disciplinantes de nuestros afanes lingüístico-literarios y su proyección educativa.
Las medallas con las cuales se premia a los maestros de mayor resistencia en el sistema educativo, como todos sabemos, se otorgan por la antigüedad que logran acumular, pero que se sepa, nunca se han otorgado por el número de brillantes discípulos formados. Acaso no hay una continuidad en los afanes del conocimiento.
Y entre orientadores que poco orientan, maestros que no educan, autoridades que no comprenden y padres ignorantes, los alumnos fracasan y se van convencidos de que para nada son útiles; y los verdaderos causantes de la deserción escolar, de la reprobación, de la indisciplina, con sus reflejos sociales en el pandillerismo y la delincuencia, se ufanan de haber solucionado problemas para la escuela, sin importarles las consecuencias individuales y colectivas. Olvidan que generalmente los estudiantes más “latosos” son quienes abundan en sensibilidad artística y en afanes de innovación.