acostada

acostada

s. f. Acción de dormir durante cierto tiempo una acostada corta después de comer evita el estrés. dormida
Ejemplos ?
Con Astreo, Eos parió a los impetuosos Anemoi, el despejador Céfiro, el Bóreas de rápida marcha y el Noto, acostada amorosamente la diosa con el dios.
Volvía tarde a casa, a las diez, a medianoche a veces. Entonces pedía la cena, y, como la criada estaba acostada, era Emma quien se la servía.
Ella me ha enterado de que mi señora... = Antistrofa I Se consumía en sus moradas, acostada en su lecho doliente, y cubría con ligeros velos su cabeza rubia.
Y juro que fueron fuertes las dos horas que pasamos mi mujer y yo, con la luz prendida hasta que amaneció, ella acostada, yo sentado en la cama, vigilando sin cesar la arpillera flotante.
Viva fragancia de madreselvas, en ráfagas de esencia arrancadas por el airecillo juguetón, penetraba en el departamento; y en un prado de un verdegay ideal, una gran vaca, roja, acostada, parecía inmóvil, esfinge de cobre.
Hacía demasiado calor. La gitana permaneció durante algún tiempo acostada en el suelo, con la oreja pegada a tierra. Cuando estuvo segura de no ser acechada, se alzó, abrió nuevo portillo en la cerca e hizo viaje, por atajos y sendas, hasta ganar la carretera a legua y media de distancia.
¡Si ahora mismo no se acuesta usted, y no toma, después de acostada, una taza de tilo con flor de azahar, me arranco todos estos vendajes y trapajos y me muero en cinco minutos, aunque Dios no quiera!
Yo seguí con muchas ideas como éstas, y cuando las palabras de ella volvieron, la señora Margarita parecía instalada en una habitación del primer piso de un hotel, en la pequeña ciudad de Italia, a la que había llegado por la noche. Al rato de estar acostada, se levantó porque oyó ruidos, y fue hacia una ventana de un corredor que daba al patio.
Me acerqué sin hacer ruido y miré. Mi mujer estaba acostada, el rostro completamente hinchado y blanco. Tenía atada la cara con un pañuelo.
Mas ni aun así querré auxiliar a las ranas, que tampoco tienen ellas sano juicio: pues recientemente, al volver de un combate en que me cansé mucho, me hallaba falta de sueño y no me dejaron pegar los ojos con su alboroto; y estuve acostada, sin dormir y doliéndome la cabeza, hasta que cantó el gallo.
Durante el día Víctor buscó por los paseos ramas, hizo con ellas graciosos arcos y al anochecer los llevó a su vivienda, que estaba débilmente iluminada por una miserable lámpara. Una cortina vieja y remendada ocultaba el lecho donde se hallaba acostada Josefina.
Octavien acababa de vivir un día bajo el reinado de Tito y había conseguido el amor de Arria Marcella, hija de Arrio Diomedes, acostada en ese momento junto a él en un lecho antiguo en una ciudad destruida para todo el mundo.