acerado


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acerado, a

1. adj. De acero brillos acerados.
2. Que es fuerte o resistente como el acero. férreo
3. Que es mordaz, incisivo o penetrante deja de utilizar ese lenguaje acerado. incisivo
4. BOTÁNICA Se refiere a la hoja que es cilíndrica, acuminada y punzante el enebro tiene hojas aceradas.
5. s. m. METALURGIA Aceración, acción de acerar el hierro.

acerado, -da

 
adj. De acero.
Parecido al acero.
fig.Duro o de mucha resistencia.
Punzante, mordaz, penetrante, incisivo.

acerado, -da

(aθe'ɾaðo, -ða)
abreviación
1. que es de acero o tiene sus características un cuchillo acerado
2. que es incisivo pero no violento Les echó una mirada acerada.
Sinónimos
Traducciones

acerado

ADJ
1. (Téc) → steel antes de s; (con punta de acero) → steel-tipped
2. (= mordaz) → sharp, cutting
Ejemplos ?
Tejidos y venas abriéronse bajo el acerado filo hasta la tráquea, la cabeza se alzó besando dos veces el suelo, y de la ancha desgarradura saltó en espeso chorro toda la sangre entre ronquidos.
A muchos les traía aquella bestia el recuerdo de mejores días, cuando en la estrecha cantera con brazos entonces vigoroso hundían de un solo golpe en el escondido filón el diente acerado de la piqueta del barretero.
Nosotros, que felizmente no somos profundos inteligentes, gustamos de dejarnos arrebatar en materia de diversión por las impresiones agradables, sin presentarles el acerado escudo de una crítica rigorista donde se estrellen.
-Como chispa eléctrica impaciente que, presa en frío pedernal, no pudo brillar, hasta que siente de acerado eslabón el golpe rudo: así en medroso pasmo en tu pecho dormía, juventud española, el entusiasmo; mas cuando el regio acento generoso retumbó por los ámbitos de España, de el Pirene riscoso al confín andaluz que Atlante baña; estalla al fin la mágica centella las almas conmoviendo, y el abatido pueblo se levanta, y en sed de gloria ardiendo, lidia el guerrero y el poeta canta.
Es triste oír de una péndola El compasado caer Como se oyera el rüido De los descarnados pies De la muerte, que viniera Nuestra existencia a romper; Oír su golpe acerado Repetido una, dos, tres, Mil veces, igual, continuo Como la primera vez.
La vida desbordábase en aquellos lugares; gritaban, reían, chusqueábanse todos al unísono, en medio de aquel ambiente caldeado y bajo un cielo de abrasadora brillantez; los hombres más graves, panzones y sesudos, buscaban las posturas más cómodas a la sombra de los caprichosos edificios; la gente moza discurría por doquier en animado bulle bulle; de vez en cuando algunos jabegotes, de desnuda y hercúlea pantorrilla y pie extraño siempre a toda clase de cautiverio, porteaban a tal o cual saladero, ora un jaquetón de acerado matiz y de enormes dimensiones, ora alguna brótola o pescada capaz de hacerle la boca agua al menos gastrónomo de todos los nacidos.
El de usted, señor Presidente, habrá tenido sus yerros, es indudable; pero es también inconcuso que ha gobernado con eminente patriotismo, con un profundo deseo de impartir el bien, especialmente a quienes más lo han menester; las gentes del taller y del campo, con nítida honradez y con un carácter siempre acerado.
El ocio y aislamiento de vida en una hacienda, los nervios siempre impresionables en las hijas de Eva, la confianza que para calmarlos se tiene en el agua de melisa, sobre todo si el médico que la propina es joven, buen mozo e inteligente, la frecuencia e intimidad del trato y... ¡qué sé yo!..., hicieron que a la condesa le clavara el pícaro de Cupido un acerado dardo en mitad del corazón.
Con ademán sañudo, Cárdeno el labio y la pupila ardiente, De batallar el acerado escudo Embrazan sin temblar, ciñen la frente Con el pesado casco del guerrero, Y altivo un reto lanzan Que se estrella en el rostro del tirano; Que cabalga los aires, Y rueda, y se dilata, y se desborda, Como, de ruina y destrucción sedienta, Embozada en su parda vestidura, Lleva sobre sus hombros la tormenta La voz de Dios...
Nuestros son las venusinas palomas, los cóndores de acerado pico y garra corva y el águila emblemática, golada de armiño, que asciende en ansias de abanicar el sol; nuestros los elásticos tigres de no menos gracia flexible que los que siguieron al carro de Baco, en su retorno de las Indias, en los mitológicos desfiles dionisíacos; y los esbeltos corceles de piel corruscante y alígero galope; y las mariposas, miniaturas del iris, con toda la gama cromática temblándoles en el peluche, espolvoreado de sol, o brillante de luna, de sus alitas frágiles.
Esbelto, magro, musculoso y austero, su afilada cabeza roja era la de un hidalgo altísimo, caballeroso, justiciero y prudente. Agallas bermejas, delgada cresta de encendido color, ojos vivos y redondos, mirada fiera y perdonadora, acerado pico agudo.
Detrás, tan pegado a ella, que al notarlo se diría que alguna mano de adentro del freno acerado tira, marcha un corcel generoso, sobre el que mudo camina el que la fúnebre marcha dirige, gobierna y guía: el gran marqués de Lombay, con faz como de ceniza, con los ojos apagados, con boca que no respira, en cuyo enlutado pecho solo se descubre y brilla, pendiente de una cadena, del Toisón de Oro la insignia.