acacia

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acacia

1. s. f. BOTÁNICA Género de plantas, de árboles y arbustos de la familia de las mimosáceas, con fruto en legumbre, flores de distintos colores en racimos olorosos y del que se obtiene madera, resinas y esencias.
2. Madera que se obtiene de sus árboles.
3. FARMACIA Sustancia medicinal astringente que se extrae de sus arbustos.
4. acacia bastarda BOTÁNICA Endrino, ciruelo silvestre.
5. acacia de Persia BOTÁNICA Carisquio, árbol mimosáceo.
6. acacia falsa BOTÁNICA Árbol de jardín de la familia de las papilionáceas, de unos 25 metros de altura, tronco corto que se ramifica desde abajo, copa amplia poco densa, hojas caducas, alternas y pinnadas, y flores blancas amariposadas.
NOTA: Nombre científico: (Robinia pseudoacacia.)

acacia

 
f. bot. Árbol de la familia mimosáceas con las hojas, por lo general, bipinnadas y numerosas flores pentámeras y pequeñas dispuestas en racimos apretados. Cuenta con varias especies.

Acacia

 
bot. Género de plantas de la familia mimosáceas.
Sinónimos

acacia

sustantivo femenino
guacia, robinia, moruro, aromo, guaje (México).
Robinia, moruro y aroma son variedades de acacia.
Traducciones

acacia

Akazie

acacia

acacia

acacia

acacia

acacia

acacia, gaggia

acacia

acacia

acacia

السنط

acacia

akacja

acacia

Акация

acacia

שיטה

acacia

SFacacia
acacia falsalocust tree
Ejemplos ?
Dejamos para mejor ocasión la pintura de las fiestas de nuestro pueblo natal y en cuanto a la de Madrid, sólo diremos, por vía de índice, que el día de San Isidro es el día de la pradera, del cerro, de los frasquetes, de las rosquillas, del peleón, de las mantillas blancas, de los toros, de las acacias, de lo que resta de manolos y manolas, de los grandes trenes a la calesera, de la nobleza revuelta con el pueblo, y de los corchetes aporreados a mansalva; el día de Goya, en fin, y esto lo dice todo.
Aquí también las plantas desnudas, los álamos, los chopos, las acacias y otros mil árboles de sombra vuelven á vestirse de hojas verdes, y florecen el almendro y la higuera y los demás frutales, y nos dan el fruto con la poesía de la esperanza.
Todavía las tres redondas acacias, en el atrio de la iglesia, conservan verdes sus ramas, y las castañas de Indias a intervalos se desgajan cubiertas de sus erizos; tiene el rosal rosas grana otra vez, y en las praderas brilla la alegre otoñada.
El sol se había puesto: en el jardín se escuchaba esa confusa algarabía de los pájaros tan característica de las tardes de estío; la brisa del mar, meciendo lentamente las copas de los árboles y empapándose en el perfume de las acacias, entraba a bocanadas por el balcón, inundando el gabinete en olas invisibles de fragancia y de frescura.
Pero las dos moraban bajo un mismo tejado, con la misma vista a la calle y al patio, en el cual había un espacio plantado de césped, con una acacia florida, al menos en la época en que florecen las acacias.
Llegó a él embriagando sus sentidos el blando soplo de la fresca brisa, y en ella los prefumes recogidos al tocar en las ramas olorosas, blancas acacias y encendidas rosas en los vergeles con abril floridos.
Las estatuas tienen tristes las frentes, Pero a sus pies las flores saltan de los canteros. Bosquecillos de acacias, puestos de trecho en trecho, Calan el horizonte, al dibujo sensible.
Y también le emocionaba la plaza, con sus soportales y sus acacias de bola, y más allá, el jardín, donde era un esparcimiento arrancar plantas y robar flores, y las calles y callejas tortuosas, los esconces sombríos de las plazoletas, hasta las innobles estercoleras, secularmente deshonradoras de la tapia del Mercado, le poblaban el alma de gorjeadores recuerdos, todos dulces, porque, a distancia, contrariedades y regocijos se funden en armonías de saudades...
Era un anciano de bigotes canos y marcial continente, un apuesto joven, y una bellísima niña, que realzaba sus gracias con el pintoresco traje de las hijas de la Grecia. -Por aquí, teniente. Sigamos esta alameda de acacias que conduce al sagrado monte. -¿Dónde me llevas, padre?
Me encontraba en el barrio sindicado por el Rengo. Las aceras estaban sombreadas por copudos follajes de acacias y ligustros. La calle era tranquila, románticamente burguesa, con verjas pintadas ante los jardines, fuentecillas dormidas entre los arbustos y algunas estatuas de yeso averiadas.
En densa muchedumbre ceibas, acacias, mirtos se entretejen, bejucos, vides, gramas; las ramas a las ramas, pugnando por gozar de las felices auras y de la luz, perpetua guerra hacen, y a las raíces angosto viene el seno de la tierra.
Y hace, por no dejarlos, mil descansos entre sus juncos y sus ovas lácias, á la sombra que dan á sus remansos los bosques de naranjos y de acacias.