Ejemplos ?
Bastaron los 15 días que mi mamá me amamantó y me nombró para que yo le diga a mis amigos, antes de saber quien era mi familia, antes de saber mi historia, que yo me quería llamar Juan como me llamó mi mamá durante el cautiverio en la ESMA. Mi madre aquí dentro me abrazaba y nombraba, así dicen los relatos de las compañeras que hoy pueden contarlo.
Cuando quedé en cueros, que me hace recostarme y que se me monta y que me comienza a tentar y que me lo agarra y que me lo soba y que me lo mama. De inmediato respondí a sus ardores. Ella me abrazaba y mordía mi carne bien apasionada. Ni con mí vieja lo había sentido.
Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él. 10.16. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos. 10.17.
Y cuando ya le parecía que su esposo llegaba y que le tenía ante los ojos, y le preguntaba qué impedimentos le habían detenido tanto, cuando ya llegaban a sus oídos las disculpas de su esposo, y cuando ya ella le perdonaba y le abrazaba y, como a mitad de su alma le recebía, llegó a sus manos una carta de la señora Catalina, fecha en Londres cincuenta días había.
Eso fue todo, pero fue suficiente, porque ello me dijo que, inexplicable, increíble como era, esta radiante hija de una era dorada me había otorgado no sólo su piedad, sino su amor. Inmóvil, yo creía a medias que debía de estar bajo alguna feliz alucinación incluso mientras la abrazaba.
El duque, con el pito empalmado, abrazaba a Agustina; rebuznaba, denostaba, deliraba, y la pobre pequeña, temblando, retrocedía como la paloma ante el ave de presa que la acecha, dispuesta a capturarla.
El soldado lo cogió en los brazos, haciéndole zarandeos, por vía de arrullo. Abrazaba su fortuna: en aquel vástago veía el Caratejo horizontes azules y rosados, de dicha y prosperidad: el predio cercano, su sueño dorado, era suyo; suyas unas decenas de vacas; suyo el par de muletos y los aparejos de la arriería: y ¿quién sabe si la casa, esa casa tan amplia y espaciosa, no sería suya pasado corto tiempo?
-Si tú eres mi linda amiga, ¿cómo no me abrazas, di? -Brazos con que te abrazaba de gusanos los cubrí. Ni es extraño que en los albores de nuestra lírica suene esta canción: Dentro del vergel moriré dentro del rosal matar me han.
Aquel día, no hubo pan ni medicinas en casa del tío Lucas, sino el muchacho destrozado al que se abrazaba llorando el reumático, entre la gritería de la mujer y de los chicos, cuando llevaban el cadáver a Playa Ancha.
El fiscal, que acababa de llegar hambriento, anonadado por sus derroches de elocuencia que enviaban gente a presidio, abrazaba a su mujer, y ambos reían y gritaban como unos locos en tomo de la niñera, que mantenía en sus brazos al tirano de la casa, al único señor, a Pillín, un granuja que apenas tenía un año y a quien bastaba un leve grito para que los padres palideciesen de inquietud y las criadas corriesen aturdi­das, no sabiendo cómo cumplir a un tiempo tantas órdenes contradicto­rias.
El, entre una hoja de la puerta, tironeando para adentro; desde afuera el vigilante estirándolo, mientras el portero lo abrazaba por la garganta para hacerle perder fuerzas, y yo en el quicio esperando que eso terminara, pues se habían juntado varias personas que en vez de ayudarlo al vigilante se entretenían en mirarme a mí.
El remo que deciende en fuerza suma mueve la blanca espuma como argento; el veloz movimiento parecía que pintado se vía ante los ojos. Con amorosos ojos, adelante, Carlo, César triunfante, le abrazaba cuando desembarcaba en Ratisbona.