abrasador


También se encuentra en: Sinónimos.

abrasador, -ra

 
adj. Que abrasa.

abrasador, -ra

(aβɾasa'ðoɾ, -ɾa)
abreviación
1. que quema fuego abrasador
2. sentimiento que se siente con gran fuerza una pasión abrasadora
Sinónimos

abrasador

, abrasadora
adjetivo
ardiente, caliente, cálido, caluroso*, agostador, tórrido, acalorado, caloroso.
Abrasador y ardiente son intensivos de caliente. Si se trata del clima o del tiempo, intensifican igualmente la significación de cálido y caluroso, y expresan idea semejante a la de tórrido y agostador. Pueden aplicarse todos (con excepción de tórrido), en sentido figurado, a los afectos y pasiones. Acalorado se usa solo en este sentido figurado.
Traducciones

abrasador

cremador

abrasador

brennend

abrasador

burner

abrasador

varmega

abrasador

cocente, scottante

abrasador

brûlant

abrasador

popálení

abrasador

เปรี้ยง

abrasador

ADJ abrasante ADJburning, scorching
Ejemplos ?
(142) Y quien sabe lo que pueden La solitaria frescura La ilusion y la ventura De una noche y un jardin; Quien vé el empeño del conde, Y la paz con que ella escucha El si con que le responde Imagínese por fin. Un si pronunciado apenas Fugitivo y balbuciente, Pero espresivo, elocuente, Espontáneo, abrasador.
Los vientos se levantaron con inmenso ruido esparciendo las nubes; pasaron por cima del ponto y las olas crecían al impulso del sonoro soplo; llegaron, por fin, a la fértil Troya, cayeron en la pira y el fuego abrasador bramó grandemente.
tu rostro con el mío une otra vez, y tus divinos labios impriman a mi frente atormentada el beso del amor... Ídolo mío, tu beso abrasador me turba el alma: toca mi corazón cual late ansioso por volar hacia ti...
O si ya de la selva en el sombrío Recinto, al eco ronco Del resonante caracol, las fieras Volando en su caballo alza y fatiga; Ellas con planta alada huyen ligeras De la Ninfa veloz, y huyen en vano Su vista penetrante las persigue, Y el rayo abrasador arde en su mano.
Así debía ser el viaje infernal de los antiguos en la barca de Ca-ronte: Sol abrasador, horizontes blanquecinos y calcinados, mar en calma sin brisas ni murmullos, y en el aire todo el calor de las fraguas de Vulcano.
y el sol de las doce llega... Se va el sol abrasador, pasa a otra planta el gusano y la tarde encuentra, hermano, el cadáver de la flor.
La fiebre devoradora Le va postrando, le humilla, Y en delirio abrasador Con voz moribunda grita: -«Tú no engañas, Adelaida, »Tú estás en mi compañía: »Los dos juntos marcharemos »Al Edén de las delicias.» Su mal se aumentaba siempre, Sin admitir medicina...
El verde de nuestras praderas, la frondosidad de las callejas, la estrechez de las viviendas y el sol abrasador que envuelve el paisaje han descubierto, de tres años a esta parte, más virtudes que la sedativa de Raspail, más que los glóbulos de Hanneman y mucho mayores que las aguas de Panticosa.
Rosalía, sentada en una antigua butaca forrada de yute, contemplaba con pupilas en que la fiebre ponía un fuego abrasador la serena perspectiva; extendidos tonos violáceos circuían sus ojos, y las rosas de sus pómulos hacían resaltar los intensamente amarillos que habían sustituido los nacarinos con que en días más felices había dado envidia a los nardos de sus macetas; sus labios entreabiertos constantemente, ponían una mueca de dolor en su pálido semblante.
Rodomonte, al que abrasa orgullo y furia, ya ha limpiado la plaza de canalla: la espada en una mano ahora blande, con la otra el fuego abrasador expande.
Si los que mandan a callar se callan y los que están haciendo bulla se callan, entonces todos me pueden oír a mí y yo los puedo oír a ustedes, porque yo también tengo mucho interés en oírlos a ustedes (APLAUSOS), que han hecho tanto sacrificio; porque todo el sacrificio que han hecho millares y millares de campesinos para venir desde muchos kilómetros de distancia bajo un sol abrasador y las horas que llevan aquí parados en este parque bajo el sol ardiente del mediodía no pueden ser por gusto, ni los esfuerzos que hemos hecho nosotros para llegar aquí pueden ser por gusto.
Los ojos del indio la miraban de un modo tan tierno, de un amor tan puro, intenso y abrasador, que casi Lucía cayó desmayada; pero haciendo un supremo esfuerzo, se deshizo blandamente de sus brazos, y no quedándole, más recurso para libertarse del apasionado cacique que seguirle engañando, le dijo, poniendo su blanca y delicada mano entre las tostadas del salvaje: -Sí, sí, Mangora, yo también te amo.