Ejemplos ?
Se consumía de fiebre. Finalmente, evitando herirle el cuerpo, abrí el hoyo y conseguí retirar a la negra aun viva de su sepultura.
¡La hora del viejo había llegado! Dando un gran alarido, abrí del todo la linterna e irrumpí en la habitación. El viejo lanzó un grito, sólo uno.
Poco a poco volvieron a cercarme las nieblas del sueño, un sueño ingrávido y flotante, lleno de agujeros, de una geometría diabólica. Abrí los ojos de pronto, y la niña me dijo: —Ahora se fué la Madre Superiora.
Los cuernos de caza sonaban todavía, y me dormí combatido por extraños pensamientos. »Cuando abrí los ojos, ya había amanecido. Las puertas y las ventanas del castillo estaban cerradas, y el jardín, silencioso.
Para distraer estas melancólicas imaginaciones, que tan triste idea dan de la humanidad, abrí un libro de poesía, y acertó a ser en aquel punto en que dice Bartolomé de Argensola:
"Traitering lanzó un largo suspiro, pero permaneció en silencio. Yo no abrí la boca y volví a ocuparme de los chicos de mister Marshall, que jugaban en torno de las patas del elefante.
Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé: "Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal: sólo sombras, nada más.
arta XLVIElogio de una obra de Lucilio Recibí el libro que me habías prometido, y con la intención de leerlo con libertad, lo abrí solo para tomarle el gusto, pero él me sedujo y fui más allá (algunos han creído que este libro era el poema de Lucilio sobre el Etna, que poseemos en pare, pero no es demasiado posible, puesto que en la Carta 79 Séneca trata de este poema como de cosa nueva.
La única razón por la que fuimos capaces de hacer que se vaya fue porque mi madre y mi padre tuvieron cinco hijos, y todos trabajaban en la tienda. Me abrí camino hasta la universidad, y, en gran medida, a través de la escuela de leyes .
Confieso que abrí el libro de Mérida con suma desconfian- za y ánimo un tanto prevenido.—; Coplltas, me dije, que vivirán lo que las rosas de que habla Malesherbes!— Pero, después de leer la primera composición, exclamé entusiasmado r—j Este es poeta de buena ley!
Yo salí con el cubo de basura y me quedé en la puerta, y mientras aguardaba allí se me acercó el cartero y me dio una carta, una carta tuya. ¡Dios mío, lo que había viajado aquel sobre! Lo abrí y leí la carta, llorando y riendo a la vez. ¡Estaba tan contenta!
En esos recuerdos estaba adormilándome cuando mis párpados se fueron cerrando como lentos cortinones y… CAPÍTULO II Cuando abrí los ojos, quedé aturdido al darme cuenta que había amanecido; consideré que era muy pronto, y algo escandalizado, boquiabierto, descubríme tirado entre las arenas de un increíble y desconocido desierto; no acertaba a explicármelo; pero algo me decía que un infortunio se aproximaba.