por quien soy, que me separaré de todo, mas no de la justa venganza personal. Por el contrario, vuelvo á jurar, que si V. procede conforme á nuestros deberes, seré inseparable y siempre consecuente amigo de V.
Fue allí donde el tirano Amor, que ha sido siempre falso al jurar a quien de él fía, y siempre busca el medio en que fallido quede cuanto con seso más se ansía, mudó de modo triste y corrompido mi bien en mal, en pena mi alegría; y a aquel leal del que Zerbín no cela le abrasa el pecho y la amistad le hiela.
Pero los cabildantes no conformes le exigieron que pusiese las manos sobre la cruz y volviese a jurar, de acuerdo con la más solemne forma de juramento para un caballero.
En esta virtud, somos de parecer que ahora con las nuevas noticias de nuestra metrópoli, nada nos resta que hacer, sino conformarnos con lo que ha hecho la ciudad de Montevideo y los pueblos de España, jurar y reconocer al Consejo de Regencia...
La Duquesa de Uclés volvió a jurar besando la cruz de sus dedos, y tal vez haya sido mi emoción, pero entonces su juramento me pareció limpio de toda gitanería.
Cristo, en cuya doctrina creo me ha prohi- bido, terminantemente, jurar, salvo que el Congreso haya de- clarado apócrifo y abolido un Evangelio.
Azerbaijan y Mahomet eran nativos de Tánger, pero el azar de los negocios los había arrastrado hasta Colombo, donde, siguiendo el ejemplo de la comunidad musulmana, se dedicaron a combinar el ejercicio de la usura con la explotación de campos de arroz y fumaderos de opio. Claro está que no podían
jurar sobre el Corán que el dinero con que iniciaron sus negocios había sido honradamente adquirido.
Roberto Arlt
Llegó el grandioso día de jurar bandera y pasar la primera revista á las compañías, las cuales se exhibieron en el orden siguiente : Primera compañía, compuesta de castellanos y extremeños: 140 plazas.
Le dejaste por muerto junto a la Silla del Buda, pero vivió el tiempo suficiente para hacerle
jurar a mi madre que yo, su hijo, lo vengaría.
Roberto Arlt
El Código me ordena jurar; pero Cristo, de una manera rotunda que no admite recancanillas de chi- cana ni distingos casuísticos, y con palabras más claras que el agua limpia de un pvuio me prohibe jurar.
Entiendo que hasta ha llegado á ser profesión ú oficio el de juradores á precio de tarifa; por jurar ante un juez de paz, dos soles, y por jurar ante un juez de derecho, cuatro so- les.
Como en el caso de usted no cabe apelación sino queja ante el Tribunal Superior le ad- vertimos, cristiana y caritativamente, que tendrá que enredar- se y desenredarse en ese papel sellado que es su cócora ó pesadilla, amén de que, en estos tiempos de pobreza francis- cana, tendrá que gastar muchos realejos en escriba y fariseos; y por fin de fines tendrá usted que jurar, conducido al juz- gado i or un gendarme; y si aun persistiere en resistir irá á chirona, por desacato á la magistratura.