Vulcano

Vulcano (Vulcanus)

 
mit. Dios romano del fuego y de la forja, hijo de Júpiter y de Juno, o de Juno sola. Corresponde al Hefestos griego. Se le representa como un hombre vigoroso y cojo, cubierto con un gorro cónico (pilos), vestido con una túnica corta y empuñando unas tenazas y un martillo.
Traducciones

Vulcano

SMVulcan
Ejemplos ?
¿Para qué Tito Tacio les añadió a Saturno, Opis, el Sol, la Luna, Vulcano, la Luz y los demás que aumentó, entre los cuales puso a la diosa Cloacina, si para nada valen dejándose a la Felicidad?
CAPITULO XVI De Apolo y Diana y de los demás dioses escogidos, que quisieron fueran partes del mundo A Apolo, aunque le tienen por adivino y médico, con todo, para poderle colocar en alguna parte del mundo, dicen que él es también el Sol, y asimismo su hermana Diana la Luna, que obtiene la intendencia de los caminos, queriendo sea doncella, porque no pare o produce cosa alguna, y asegurando que ambos tienen saetas, porque estas dos estrellas llegan con sus rayos desde el cielo hasta la tierra. Vulcano quieren que sea el fuego del mundo; Neptuno, las aguas; el padre Plutón, esto es, el orco o infierno, la parte terrena e ínfima del mundo.
CAPITULO II Cuáles son los dioses elegidos y si se les excluye de los oficios de los dioses plebeyos Varrón enumera y encarece en uno de sus libros estos dioses elegidos: Jano, Júpiter, Saturno, Genio, Mercurio, Apolo, Marte, Vulcano, Neptuno, Sol, Orco, el padre Libero, la Tierra, Ceres; Juno, la Luna, Diana, Minerva, Venus y Vesta.
– Hay varios. – Sí, pero el primero es Vulcano. ¿No se habrá querido decir: «a pesar de tu belleza, de tu aire desdeñoso, tendrás por amante a un herrero, a un feo cojo»?
Con mi doble instinto de mujer y de colorista, yo prefería, en el vasto reino mineral, los productos mágicos que sirven al adorno, a la industria y al arte humano, y describía con entusiasmo la eflorescencia rosa del cobalto, el intenso anaranjado del oropimente, la misteriosa fluorescencia de los espatos, que exhalan lucecitas como de Bengala, verdes y azules, los tornasolados visos del labradorito, semejantes al reflejo metálico del cuello de las palomas; la fina red de oro sobre fondo turquí del lapislázuli, las irisaciones sombrías de la pirita marcial y de la marcasita; coloridos nocturnos, vistos en mi imaginación como al través de la roja luz de un agua caldeada por las fraguas y hornos de Vulcano.
Sí; si Vulcano les hablara de esta manera es seguro que ninguno de ellos rehusaría ni respondería que deseaba otra cosa, persuadido de que lo que acababa de oír expresaba lo que siempre existía en el fondo de su alma: el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado de manera que no formara con él más que un solo ser.
Ya existen talleres de verdadera importancia, como El Vulcano Alcoyano de Rodes hermanos, de cuya importancia dan fe las vistas que más adelante publicamos; La Maquinista Alcoyana de José y Desiderio Boronat, donde se produce todo género de maquinaria agrícola é industrial, y los grandes talleres de construcción y fundición de hierro y metales, la viuda de Aznar, Bodes y Compañía.
Bajo el dominio del Amor y de la pasión descubrió Apolo el arte de disparar el arco, la medicina y la adivinación, de manera que puede decirse que es el discípulo del Amor, como lo son las Musas en la música, Vulcano en el arte de forjar los metales, Minerva en el de tejer y Júpiter en el de gobernar a los dioses y los hombres.
Pues bien; el que en el Cielo es Júpiter; en el aire, Juno; en el mar, Neptuno; en las partes inferiores del mar, Salacia; en la tierra, Plutón; en la parte inferior de la tierra, Proserpina; en los domésticos hogares, Vesta en las fraguas de los herreros, Vulcano...
La Parca, en esto, las manos en la rueca y en el huso, como dicen, y los ojos en el vital estatuto, inexorable sonó la dura tijera, a cuyo mortal son Píramo, vuelto del parasismo profundo, el acero que Vulcano templó en venenosos zumos, eficazmente mortales y mágicamente infusos, valeroso desnudó y no como el otro Mucio asó entrépido la mano, sino el asador tradujo por el pecho a las espaldas.
Sócrates: Aún no has respondido a mi pregunta, incomparable Eutifrón; porque yo no te preguntaba lo que es a la vez santo e impío, agradable y desagradable a los dioses; de manera que podrá suceder muy bien sin milagro que la acción que haces hoy persiguiendo en juicio a tu padre, agrade a Júpiter y desagrade a Caelo y a Saturno; que sea agradable a Vulcano y desagradable a Juno; y así a todos los demás dioses que no estén conformes en una misma opinión.
«La ciudad de Roma (dice Salustio), según yo lo he entendido, la fundaron y poseyeron al principio los troyanos, que, fugitivos de su patria con el caudillo Eneas, andaban vagando por la tierra sin tener aún asiento fijo»; luego si los dioses creyeron conveniente vengar el adulterio de Paris fuera razón que le castigaran antes los troyanos o también en los romanos, supuesto que la madre de Eneas fue la que cometió este crimen: ¿y por qué motivo condenaban en Paris aquel pecado los que disimulaban en Venus su crimen con Anquises, que produjo el nacimiento de Eneas? ¿Fue acaso porque aquél se hizo contra la voluntad de Menelao, y éste con el beneplácito de Vulcano?