Vigilancio

Vigilancio (Vigilantius)

 
(ss. IV y V) Heresiarca aquitano. Combatió la vida monástica y la veneración de las reliquias.
Ejemplos ?
Hace como unos mil seiscientos años que tenemos libelos teológicos: esto es mucho peor; estas son injurias sagradas de labadero. Véase solamente como san Jerónimo trata a Rufino y a Vigilancio.
Siempre fiel a esta regla de fe en el estudio de las Escrituras, rechaza con este único argumento cualquier falsa interpretación del sagrado texto: «Esto no lo admite la Iglesia de Dios»(67), y con estas breves palabras rechaza el libro apócrifo que contra él había aducido el hereje Vigilancio: «Ese libro no lo he leído jamás.
Vigilancio escribió varias obras acerca de sus ideas, pero fueron destruidas durante el Medioevo. Solo se tiene alguna noticia gracias a las críticas escritas por por san Jerónimo.
Vigilancio se preciaba de erudito pero prefería una agudeza a una razón sólida. Aspirando a hacerse célebre escribió y en sus escritos se burló de todas las cosas que le parecían dar materia para sus chistes: Vigilancio combatía el celibato y los votos monásticos como «manantiales de desórdenes».
Vigilancio (en latín: Vigilantius; Calagorris, c. 370-c. 400) fue un hereje galo. Era natural de Lugdunum Convenarum ―actual Saint-Bertrand-de-Comminges (Aquitania)― que era la capital del país de Comminges (en el sur de Francia).
Desgraciadamente, Vigilancio cometió la imprudencia de meterse en la disputa que tenía por entonces san Jerónimo con Juan de Jerusalén y Rufino de Aquilea, quienes lo acusaban de origenismo (la creencia de que las almas viven antes de la concepción humana).
Vigilancio tomó el partido de estos últimos. Pero como al poco tiempo reconoció su error, el anciano santo lo perdonó y ―cuando regresó Vigilancio a las Galias― escribió en su favor a san Paulino.
Cuando Vigilancio llegó a Galia, empezó a repetir las acusaciones contra san Jerónimo y esparció algunos libelos para difamarle. El santo ―advertido de las actividades de Vigilancio― lo reprendió en una severa carta escrita en tono de desprecio.
Como los protestantes la han abrazado, han hecho de Vigilancio uno de sus héroes y han dicho que era un hombre distinguido por su saber y elocuencia, ua eclesiástico animado del espíritu de la reforma, un hombre honrado que hubiera querido desarraigar los abusos, los errores y la falsa piedad con que se dejaba seducir la muchedumbre ignorante y crédula; pero los partidarios de la superstición fueron más fuertes que él, atajaron los efectos de su celo, le redujeron al silencio y le pusieron en el número de los herejes.
La iglesia católica supone que los santos conocen nuestras necesidades y pueden interceder por nosotros: este es un punto de doctrina fundado en el antiguo y nuevo testamento. Vigilancio dice que mientras vivimos podemos orar los unos por los otros, a lo que san Jerónimo responde: En este pasaje responde san Jerónimo a lo que había dicho Vigilancio sobre que no eran escuchadas las oraciones de los que invocaban a los santos y hace ver lo contrario con varios ejemplos.
Dice a Vigilancio: El respeto de los fieles a las reliquias fue general después de Vigilancio y solo contradijeron este culto los petrobrusianos, los valdenses y los pretendidos reformados haciéndole uno de los motivos fundamentales de su cisma y alegando que la iglesia católica cometía idolatría.
Algunos obispos fueron acusados de haber cedido a las ideas de Vigilancio, pero parece que no tuvo muchos seguidores más que a algunos eclesiásticos cansados del celibato.