Vesta

Vesta

 
mit. Diosa romana del fuego doméstico, que simbolizaba la santidad y estabilidad de la vida doméstica.
Ejemplos ?
Dijo un procurador a Vesta que habían sido devotas de su nombre aquellas, que las amparase, y replicó un ministro que también fueron enemigas de su castidad.
Primeramente propuso una columna truncada con un ropaje, después una pirámide, después un templo de Vesta, una especie de rotonda..., o bien «un montón de ruinas».
Esta misma Tierra quieren que sea Ceres, la misma también, Vesta, aunque, por la mayor parte afirmen que Vesta no es sino el fuego que pertenece a los hogares, sin los cuales no puede pasar la ciudad, y que por esto le suelen servir las vírgenes, porque así como de la virgen no nace cosa alguna, tampoco del fuego, Toda esta vanidad fue preciso que la desterrase y deshiciese el que nació de la Virgen; porque ¿quién podría sufrir que tributando tanto honor al fuego y atribuyéndole tanta castidad, algunas veces no tenga pudor de decir que Vesta es también Venus, para que en sus siervas sea vana la virginidad tan estimada y honrada?
Del seno fértil de la Madre Vesta, En actitud erguida se levanta La airosa piña de esplendor vestida, Llena de ricas galas. Desde que nace, liberal Pomona Con la muy verde túnica la ampara, Hasta que Ceres borda su vestido Con estrellas doradas.
El ejército de los dioses y de los demonios le sigue, dividido en once tribus; porque de las doce divinidades supremas sólo Vesta queda en el palacio celeste; las once restantes, en el orden que les está prescrito, conducen cada una la tribu que preside.
HÉCTOR, príncipe troyano, hijo de Príamo, muerto a manos de Aquiles en el sitio de Troya. Su sombra se aparece a Eneas para anunciarle el desastre de Troya, y le entrega la estatua de Vesta y el fuego sagrado.
Vimos el rojo Tíber, rebatidas con fragor sus ondas en el litoral etrusco, lanzarse a destruir el monumento del rey Numa con el templo de Vesta; y orgulloso de ser el vengador de su desolada esposa IIía, desbordarse por la siniestra ribera sin la aprobación de Jove.
Siguió a esta desgracia la del fuego, más perjudicial que la anterior, pues prendiendo por la plaza en los mas altos y encumbrados techos, no quisieron perdonar ni aun el templo de Vesta...
El pontífice Mucio Escévola (cuya dignidad entre los romanos era la más sagrada, como el templo de Vesta, donde servía), se abrazó con la misma ara, y allí le degollaron; y aquel fuego, que con perpetuo cuidado y vigilancia de las vírgenes siempre ardía, casi pudo apagarse con la sangre del sumo sacerdote.
En este género podemos incluir igualmente, sólo por sentir con humanidad y rectitud de la conducta de Numa, todo cuanto escribe Alejandro de Macedonia a su madre, que le descubrió y confió León, gran sacerdote y ministro de los divinos misterios de los egipcios, en cuyo escrito no sólo Pico y Fauno, Eneas y Rómulo, y aun Hércules, Esculapio y Baco, hijo de Semele, los hermanos Tindaridas y otros mortales se tienen y están comprendidos en el catálogo de los dioses, sino también los mismos dioses principales que designaron sus antepasados, a quienes sin nombrar parece que los apunta Cicerón en sus Cuestiones Tusculanas, Júpiter, Juno, Saturno, Vulcano, Vesta y otros muchos que procura Varrón referir a las partes y elementos del mundo...
Pues bien; el que en el Cielo es Júpiter; en el aire, Juno; en el mar, Neptuno; en las partes inferiores del mar, Salacia; en la tierra, Plutón; en la parte inferior de la tierra, Proserpina; en los domésticos hogares, Vesta en las fraguas de los herreros...
La Tellus -dice- piensan que es Opis, porque obrando, opere, y trabajando en ella con el continuo cultivo se mejora; Madre, porque pare y produce muchas cosas; magna o grande, porque pare y produce el mantenimiento; Proserpina, porque de ella nacen y gracias a ella, como que trepan, Proserpere, las mieses; Vesta, porque se viste de hierbas, y de este modo -dice-, no fuera de propósito, reducen a ésta otras diosas.