Ejemplos ?
Trini comparaba aquel zaquizamí...
Conforme le diba diciendo, la Rafaela está por Cayetano y Cayetano está al cabo de la calle de que la chavalilla está rabiando por tener un güen mantón pa los días de repique, y el otro día, al enterarse de que la señá Trini la Petaquera quería vender el suyo que, según ella, le costó a su hombre cuando se casó, cerca de cien machacantes, pos Cayetano se fué a verla, a ver si podía jincarle el diente, y endispués de una semana de chalaneo, ha conseguío que la Trini se lo dé en treinta chuscos, quince al contao y el resto a dos duros por semana.
El viejo dio un paso atrás y repúsole con menos irónico acento: -Perdona, hombre, que no es pa tanto; yo no creía que te doliera tanto la cosa; si yo lo hubiera sabío no meto yo el percal anoche en cá de la Trini como lo metí, pa arreglar ese mal negocio.
Y la curpa me la tengo yo; yo, que no tengo na de lo que les sobra a los hombres de ácana, porque si yo lo tuviera me cosería la boca y me cosería los párpados ca vez que me trompezara a la Trini, que se ha pensao fijamente que yo soy lo mismo que una billarda, y es que sabe mu bien que yo no me aseparo de ella ni manque me lo mande un piquete, y como lo sabe mu bien y como es más malita que un cangro, pos velay, se pasa la vía dándome la mar de chingares y de celeras, y un día a mí esa gachí me busca una esaborición más grande que la Alcazaba.» -¿Qué jace usté, Joseíto, que parece que lo han puesto a usté ahí como reclamo?
-Pero, Trini, hija, ¿qué jaces ahí? ¿No ves que te vas a quear helaíta? -exclamó el señor Curro, el tabernero, un viejo de crecido abdomen, rubicundos mofletes y pelo blanquísimo, que asomaba por bajo la encasquetada gorra de lana, viendo al abrir la puerta de su establecimiento a la muchacha hecha un «cuco» en la reja.
-Pos esa medicina que voy a recetarle a usté es que en lugar de seguir cimbeleando a la Trini, se ponga usté a cimbelearme a mí una temporailla, que yo haré como si usté me gustara más que no jarabe, que ya es sacrificio, porque lo que es usté pa mi no vale lo que un suspiro del mozo que yo camelo.
-Sí que tiée usté razón. Y si no, que se lo pregunten a Trini la Cordobesa. Joseíto hizo un gesto de contrariedad al oír el nombre de Trini, y le repuso a la Trinitaria: -A ésa le tocó en el reparto una chispitilla menos que a usté, que es toíta azúcar de pilón y canela de la fina.
El viento seguía soplando cada vez más huracanado, y la lluvia empezó a arreciar, salpicando el rostro de Trini, que se defendía con el maltrecho mantón.
-musitó Trini, y sujetándose el mantón contra la boca se cubrió el juvenil semblante hasta los ojos, y poco a poco abatieron sus párpados de nácar el haz de sus largas pestañas, y...
-Eso ha sío un chanelo que yo me he traío. ¿Tú sabías que el Molinete estaba prendao de la Trini y que a la Trini le gustaba además de Joseíto, Toñico el Siguirillero?
-¿Y qué fué lo que le regaló ese otro que, según dicen, anda arrullando en tu aguaero? -Pos ése le quiso regalar un mantón, que era lo que yo tenía empeño en regalarle, un mantón que vendía la Trini la Petaquera.
-Como que lo que le pasa a la Trini con usté es mismamente lo que a mí me pasa con Toño el Siguirillero, que como sé que es más mío que mis penas y que pa él, a pesar de sus alegrías de ojos, no hay más mujer que yo, por lo trato como si tuviera el gachó de gutapercha los centros.