Tours

Tours

 
C. del centro-O de Francia, cap. del departamento de Indre y Loira, en la región Centro; 133 403 h (aglomeración urbana, 282 152 h).
Ejemplos ?
Así, la más somera observación dejaba comprender que, como un aldeano de Normandía, llevaba siempre la delantera en todos los negocios. Era versadísimo en enología, la ciencia favorita de los habitantes de Tours.
Si, seducidos por la conversación del señor de Bourbonne, hubieseis pedido su biografía a los vecinos de Tours, los que le tenían envidia, y eran muchos, os hubiesen dado la respuesta proverbial: «¡Oh, es un viejo maligno!» En Turena, como en la mayoría de las provincias, la envidia forma el fondo de la lengua.
Solamente, en ocasiones, los súbitos estremecimientos que no podía reprimir al escuchar el relato de una aventura espantosa o triste revelaban en ella las bellas cualidades que nacen de los grandes dolores. Habíase ido a vivir a Tours después de perder al compañero de su vida.
¿Llamarse San Martín ese sinvergüenza, con agravio del caritativo santo San Martín de Tours, que dividió su capa entre los pobres?
De Tours Dionisio, Claudio, Hugo y Oberto murieron con la sangre aún hecha caldo; más cuatro de París, que son por cierto Gualterio, Satalón, Odo y Ambaldo; y muchos más, de los que no os asombre que sea incapaz de dar su patria y nombre.
Llegaba de Tours con el deseo de ser útil a Birotteau y las noticias que traía cambiaron completamente el aspecto de la cuestión.
Situada al borde de la carretera que une a la ciudad de Tours con las alturas de San Jorge, orientada al Mediodía, rodeada de rocas, la propiedad de la señora de Listomère ofrecía los atractivos del campo y todos los placeres de la ciudad.
Un anticuario, si los hubiese en Tours, que es una de las ciudades menos literarias de Francia, podría incluso reconocer a la entrada del pasaje del Claustro algunos vestigios de la arcada que formaba antiguamente el frontispicio de estas habitaciones eclesiásticas y que debía de armonizarse con el carácter general de edificio.
Las Illustrations de Du Bellay, el Aristóteles Peripoliticón y el Cymbalum mundi le parecían muy flojas al lado de la Jerga, seguida de los Estados Generales del reino del Argot, y de los diálogos del pícaro y el tunante, escrita por un papanatas e impresa en Tours con autorización del rey de Thunes, Fiacre el Embalador, Tours, 1603.
El señor presidente tenía treinta y tres años, poseía la propiedad de Bonfons (Boni Fontis), que daba siete mil francos de renta, y esperaba la herencia de su tío el notario y la de su otro tío el abate Cruchot, dignatario del cabildo de San Martín de Tours; personas ambas reputadas de ser bastante ricas.
A creer al difunto Chapeloud, ninguno de los presbíteros que habitaban en la ciudad de Tours, ni siquiera el arzobispo, podía ser objeto de atenciones tan delicadas, tan minuciosas, como las que prodigaba la señorita Gamard a sus dos pupilos.
Atravesaba, pues, tan rápidamente como sus carnes podían permitírselo la plazuela desierta llamada del Claustro, que se halla a espaldas del ábside de Saint-Gatien, en Tours.