Tiresias

Tiresias (Teiresías)

 
mit. Uno de los más famosos adivinos del mundo griego, natural de Tebas.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
CADMO ¿Iremos al monte en carros? TIRESIAS No honraríamos igual al dios. CADMO Yo, que tan viejo soy, serviré de lazarillo a un viejo.
¿Dónde he de bailar, dónde mi pie poner y mi cabeza sacudir canosa? Guíame tú, Tiresias, anciano, a mí, que también soy viejo, porque tú eres sabio.
Ésta le da Tiresias, en que apunta el mal futuro en condición dudosa: que el niño cuya vida saber quiere gran tiempo vivirá si no se viere.
Y como en Eurípides, Creon, al ver a Tiresias con una corona ceñida a la frente y sabiendo que le fue dada por los enemigos a causa de su arte, le dice: «me parece de buen augurio esta corona triunfal, porque estamos corriendo una gran tempestad, como sabes 8 », así yo tomo por un feliz presagio esta corona con que me honra tu mano; porque me encuentro en medio de una tempestad no menor que la de Creon, puesto que trato de triunfar de todos los que te aman.
CORIFEO: solo del corifeo hablando o recitando en representación de todos los coreutas. EL DIOS DIONISO (o Baco ). CORO DE MUJERES BACANTES. TIRESIAS, adivino ciego. CADMO, viejo rey, abuelo de Penteo.
Tú le has persuadido, Tiresias: y quieres trayendo esta nueva divinidad a los hombres observar las aves y ganarte el salario de los sacrificios.
Y con placer, como un potro que pace junto a su madre, bacante, mueve tu pierna con rápido pie en las danzas. TIRESIAS ¿Quién está en la puerta?
Veo una Pola Argentaria, que ayudó a Lucano, su marido, a escribir la gran Batalla Farsálica. Veo a la hija del divino Tiresias, más docta que su padre.
Haz salir de la casa a Cadmo el hijo de Agénor, el que la ciudad de Sidón dejó y construyó los muros de Tebas. Ve, quien seas, anuncia que Tiresias le busca.
No me cansaría aunque noche y día con el tirso golpease la tierra, pues con el gusto olvidamos que somos viejos. TIRESIAS Te pasa entonces como a mí: yo también me siento joven y empezaré a bailar.
Ambos se hallan poseídos de súbito de una curiosidad inmensa, sobrehumana. Edipo pregunta a Yocasta, pregunta a Tiresias, pregunta al anciano que sabe su secreto: «¿Quién es el hombre de la senda?
Pues la simiente de Tiresias, del porvenir présaga, Manto, por mitad de las calles, excitada por una divina fuerza, había vaticinado: “Isménides, marchad incesantes y dad a Latona y a los dos hijos de Latona 160 con su plegaria inciensos píos, y con laurel enlazaos el pelo.