Tezcatlipoca

Tezcatlipoca

 
mit. Uno de los dioses más importantes de los aztecas, creador del cielo nocturno y señor del destino.
Ejemplos ?
Después de meditarlo en conjunto, en TLOQUE NAHUAQUE, juntos y cercanos como los dedos de la mano para el perfeccionamiento del universo, TEZCATLIPOCA OSCURO, se integró al medio sol creador y se produjo uno enorme y luminoso.
Y el parangón con la memoria a corto y largo plazos de la psicología del procesamiento de la información, no está muy distante y por tanto, con las computadoras. Tezcatlipoca reflejaba en nuestras pantallas interiores, cual monitor, todo lo vivido; lo archivado; y su recuerdo, y su remordimiento; y las esclavitudes a los sentidos; a las pasiones; a lo que retiene el perfeccionamiento personal y social, pero que dialécticamente le sirve de base, de impulso.
La sabida eterna lucha entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, no era exactamente la mitificación pregonada de la lid entre el bien y el mal, en sentido euroasiático africano, sino la guerra florida o creadora, entre permanecer entidad biológica indiferente, sierva de los placeres sensoriales de nuestra animalidad (comida, bebida, sexualidad, diversión, egoísmo) o trascender rumbo al perfeccionamiento del todo natural, social y cultural.
Entonces las fuerzas creadoras meditaron profundamente y por obra y gracia de la ley natural, una de ella, TECUCIZTECATL, dotada de la energía de TEZCATLIPOCA, el espejo ahumeante de la memoria, interrogó: -¿Qué debo hacer para convertirme en sol?
Estancados en la lucha interior, simbolizada por Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, procesos psico-lógicos superiores que se dan en el ser humano, vivían los hombres prehispánicos hasta que los tenochcas fusionaron las contradicciones en el símbolo rector que venciera el eterno círculo sin fin, cual colibrí que nunca cesa volátil de avanzar hacia el sur-fértil-creación: Huitzilopochtli, símbolo de la voluntad; definida esta como una guerra interior que a fuerza de constancia, perseverancia, control, autosacrificio, nos lleva a la plenitud humana y nos asemeja al Teotl: la energía creadora en incesante transformación.
Estancados en la lucha interior, simbolizada por Tezcatlipoca y Quetzalcoatl, procesos psicológicos superiores que se dan en el ser humano, vivían los hombres prehispánicos hasta que los aztecas fusionaron las contradicciones en el símbolo rector que venciera el eterno círculo sin fin: colibrí que nunca cesa volátil de avanzar hacia el sur-fértil-creación: Huitzilopochtli, símbolo de la voluntad; esa guerra interior que a fuerza de constancia, perseverancia, autosacrificio, nos lleva a la plenitud humana y nos asemeja al Teotl: la energía creadora en incesante transformación.
TECUCIZTECATL fue adornado con un espléndido plumaje y una capa de lienzo plateado. Parecía un espejo y TEZCATLIPOCA lo miraba satisfecho y sonriente, como un padre que ve orgulloso a su hijo y destacar en algo.
Cuando TECUCIZTECATL vio que se había lanzado en el fuego y ardía, algo avergonzado ante la mirada furiosa de TEZCATLIPOCA que no ocultaba su disgusto, arremetió y echóse en la hoguera también.
Entonces, uno de ellos fue corriendo y con un enorme conejo que hizo en el camino, lo arrojó a la cara de la luna y la opacó. TEZCATLIPOCA guardó memoria de aquello con cierto malestar, pues TECUCIZTECATL, ahora convertido en luna, había sido como un hijo para él y había soñado en verlo convertido en el gran guía de los humanos.
Pero tal vez los estragos del accidente no hayan sido ni el aceite derramado, ni el gas quemado, ni los posibles efectos en la ecología; sino algo informe que mana de lo más profundo de nuestra idiosincrasia y que nos debe hacer meditar. Desde el fondo de ese pozo incendiado los mexicanos nos hemos visto en el espejo negro de Tezcatlipoca.
El sol por delante y la luna detrás. TEZCATLIPOCA, con cierta rabia, miraba el éxito de QUETZALCOATL, una serpiente que se había emplumado, la inteligencia que se había alimentado inclusive de la propia memoria del espejo ahumeante.
Entonces TEZCATLIPOCA recordó los tiempos en que los hombres eran guiados por sus sentidos animales y tuvo melancolía de ello. En aquellas épocas los hombres habían convertido en dioses a los animales y ahora había la orden de acabar con todo ello: No existe ningún dios animal.