Tetis

Tetis (Tēthys)

 
mit. Hija de Urano y Gea y esposa de Océano.

Tetis (Tēthys)

 
mit. La más hermosa de las Nereidas, esposa de Peleo, de quien tuvo a Aquiles.
Traducciones

Tetis

Thetis

Tetis

SFThetis
Ejemplos ?
Lo mismo de él es cuesta abajo, y necesita de particular industria, y entonces la misma diosa Tetis, que me recibe en las sujetas ondas, suele recelar no me despeñe.» Habiendo oído estas dificultades aquel generoso mancebo, dijo: «Ese camino me agrada, subo en el carro.
Luego, acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis.
En cambio, honraron a Aquiles, hijo de Tetis, y le recompensaron enviándole a las islas Afortunadas, porque habiéndole predicho su madre que si mataba a Héctor moriría en seguida después, y que si no le combatiera, volvería al hogar paterno, donde moriría después de edad muy avanzada, no vaciló, sin embargo, ni un instante en defender a su amante Patroclo y en vengarle con desprecio de su propia vida, y quiso no sólo morir por un amigo, sino hasta morir sobre el cuerpo de aquel amado.
No cedáis en la batalla a los argivos, porque sus cuerpos no son de piedra ni de hierro para que puedan resistir si los herís, el tajante bronce; ni pelea Aquileo, hijo de Tetis, la de hermosa cabellera, que se quedó en las naves y allí rumia la dolorosa cólera.
Ninguna casa tales nunca cobijó amores, ningún amor con tal pacto desposó a unos amantes, 335 cual asiste a Tetis, cual concordia a Peleo.
Ésta es la estirpe de Ceto y Forcis. Tetis con el Océano parió a los voraginosos Oceánidas: el Nilo, el Alfeo, el Erídano de profundos remolinos, el Estrimón, el Meandro, el Istro de bellas corrientes, el Fasis, el Reso, el Aqueloo de plateados remolinos, el Neso, el Rodio, el Haliacmón, el Heptáporo, el Gránico, el Esepo y el divino Simunte, el Peneo, el Hermo, el Ceco de bella corriente, el largo Sangario, el Ladón, el Partenio, el Eveno, el Ardesco y el divino Escamandro.
Pero Tetis, que seguía como cuando abrazó sus rodillas, le suplicó de nuevo: —Prométemelo claramente asintiendo, o niégamelo —pues en ti no cabe el temor— para que sepa cuán despreciada soy entre todas las deidades.
Sentóse Zeus en el trono; y Hera, que, por haberlo visto no ignoraba que Tetis, la de argentados pies, hija del anciano del mar con él departiera, dirigió en seguida injuriosas palabras a Jove Cronión: —¿Cuál de las deidades, oh doloso, ha conversado contigo?
Oh en un tiempo de los siglos demasiado anhelados nacidos, héroes, salud tened, de los dioses el linaje, oh de sus madres buena 23a progenie, salud tened de nue 23b A vosotros yo a menudo, con mi canción, a vosotros os apelaré, y a ti, tan eximiamente por estas teas felices acrecido, 25 de Tesalia el baluarte, Peleo, al que Júpiter mismo, el mismo de los dioses genitor, concedió sus amores, ¿acaso a ti Tetis no te tuvo, bellísima Nerina?
Voy a los confines de la fértil tierra para ver a Océano, padre de los dioses, y a la madre Tetis, los cuales me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio, cuando el longividente Zeus puso a Cronos debajo de la tierra y del mar estéril.
Tuvo también una sagrada estirpe de hijas que por la tierra se encargan de la crianza de los hombres, en compañía del soberano Apolo y de los Rios y han recibido de Zeus este destino: Peito, Admeta, Yanta, Electra, Doris, Primno, la divina Urania, Hipo, Clímene, Rodea, Calírroe, Zeuxo, Clitia, Idía, Pisítoa, Plexaura, la encantadora Galaxaura, Dione, Melóbosis, Toa, la bella Polidora, Cerceis de graciosa figura, Pluto ojos de buey, Perseis, Yanira, Acasta, Jante, la deliciosa Petrea, Menesto, Europa, Metis, Eurínome, Telesto de azafranado peplo, Criseida, Asia, la deseable Calipso, Eudora, Tyche, Ánfiro, Ocírroe y Estigia, la que es más importante de todas. Éstas son las hijas más antiguas que nacieron del Océano y Tetis.
La blanquecina gruta se llenó de ninfas, y todas se golpeaban el pecho. Y Tetis, dando principio a los lamentos, exclamó: —Oíd, hermanas nereidas, para que sepáis cuantas penas sufre mi corazón.