Temis

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Temis (Thémis)

 
mit. Diosa griega, hija de Urano y Gea, esposa de Zeus y madre de las Horas y las Parcas. Los romanos la llamaron Iustitia.
Ejemplos ?
Violentos despreciaron mis razones, Ganosos de reinar a viva fuerza. ¡Cuántas veces mi sacra madre Temis El futuro suceso me anunciara!
De ella procederá la estirpe de Argos, Y de esa estirpe el fuerte saetero Que estos lazos me quite. Tal oráculo Me dio mi madre, la titania Temis.
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillosa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a Poseidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable Temis, a Afrodita de ojos vivos, a Hebe de áurea corona, a la bella Dione a Eos al alto Helios y a la brillante Selene, a Leto, a Jápeto, a Cronos de retorcida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos Inmortales.
Por ti la asolación, por ti el estruendo bélico cesa, y la inspirada Musa despertó dando arrebatado canto; por ti la Patria el merecido llanto templa al mirar el hecatombe horrendo que es precio de la paz; por ti recobran su paz los pueblos y su prez las artes, la alma Temis su santo ministerio, su antiguo honor los patrios estandartes, la ley su cetro, libertad su imperio, y las sombras de Guachi desoladas de su afrenta y dolor quedan vengadas.
CORO. Que Temis Suplicante, hija de Zeus, que reparte los destinos, mire este destierro para que no sea pesado. Y tú, a pesar de tu edad y sabiduría, aprende de uno más joven: res­petando al suplicante prosperarás.
Y Hera aceptó la que le presentaba Temis, la de hermosas mejillas, que fue la primera que corrió a su encuentro, y le dijo estas aladas Palabras: —¡Hera!
Respondióle Hera, la diosa de los níveos brazos: —No me lo preguntes, diosa Temis; tú misma sabes cuán soberbio y despiadado es el ánimo de Zeus.
Luego, acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis.
En segundo lugar, se llevó a la brillante Temis que parió a las Horas, Eunomía, Dike y la floreciente Eirene, las cuales protegen las cosechas de los hombres mortales, y a las Moiras, a quienes el prudente Zeus otorgó la mayor distinción, a Cloto, Láquesis y Átropo, que conceden a los hombres mortales el ser felices y desgraciados.
Zeus ordenó a Temis que, partiendo de las cumbres del Olimpo, en valles abundante, convocase la junta de los dioses; y ella fue de un lado para otro y a todos les mandó que acudieran al palacio de Jove.
El virrey se quedó algunos segundos pensativo; y luego, levantándose de su asiento, puso la mano sobre el hombro de su secretario: -Amigo mío, lo hecho está bien hecho; y mejor andaría el mundo si, en casos dados, no fuesen leguleyos trapisondistas y demás cuervos de Temis, sino duendes, los que administrasen justicia.
Dura fuerza Es la necesidad; cumplirse debe La voluntad del Padre. ¡Excelso hijo De la divina Temis consejera! A mi pesar, con lazo indisoluble, Te sujeto a esta peña, nunca hollada De humanas plantas, do ni forma veas Ni voz escuches de mortal alguno, Mas la llama del sol lenta te abrase Y mude tu color.