Tarento

Tarento (Taranto)

 
C. del S de Italia, en Apulia, cap. de la prov. homónima (2 437 km2 y 587 736 h), en la península Salentina, puerto en el golfo de su nombre (mar Jónico); 232 200 h.
hist. Importante colonia de la Magna Grecia. Romana desde 272 a C (Tarentum) ocupada por godos, bizantinos, lombardos, árabes y normandos e integrada en el reino de Nápoles. Francesa en 1801-15 y hasta 1860 (en que pasó a Italia) en el reino de las Dos Sicilias.
Traducciones

Tarento

Tarent
Ejemplos ?
Queriendo, pues, volver a sus quehaceres y siendo en el derroche y gasto parcos, vieron que a alimentar tantas mujeres no basta con tener lanzas y arcos; y, a ellas olvidando y sus placeres, cargaron los riquezas en los barcos, y a Apulia fueron donde al cabo asiento por ellos tuvo el pueblo de Tarento.
Y sabía cuan horribles tormentos le preparaban sus verdugos; no obstante, apartó a sus parientes que le cerraban el paso y al pueblo que le detenía en su marcha, no de otro modo que si después de haber arreglado los negocios de sus clientes y compuesto sus diferencias, marchase a descansar en las campiñas de Venafro o en la ciudad de Tarento, que fundaron los lacedemonios.
Quinto Fabio Máximo, que destruyó la ciudad de Tarento, es celebrado porque no permitió se saqueasen ni maltratasen las estatuas de los dioses.
Después de llegado Sila a Tarento y sacrificado allí, vio en lo más elevado del hígado del becerro como una imagen o representación de una corona de oro.
Las gracias da él a su padre, al Anfitrioníada, y con vientos alentadores la superficie navega jonia, y la salentina Nereto 50 atrás deja, y Síbaris, y la lacedemonia Tarento y de Turia las ensenadas y Nemesia y de Iápige los campos y, por apenas recorridas tierras que contemplan los mares, encuentra las hadadas orillas de la corriente del Ésar y no lejos de aquí un túmulo bajo el cual los sagrados huesos 55 de Crotón cubría la tierra, y allí, en esa ordenada tierra, unas murallas fundó y el nombre del sepultado trajo para su ciudad.” Tales los primordios constaba por una certera fama que eran del lugar, y, puesta en las fronteras de Italia, de la ciudad.
Desde allí descubrimos el golfo de Tarento, ciudad edificada por Hércules, si no miente la fama; en frente se levanta el templo de la diosa Lacinia, los alcázares de Caulonia y el promontorio de Escila, donde tantas naves van a estrellar-se.
Apoderóse de Tarento por capitulación; y venciendo con su prudencia y constancia las indecibles dificultades que le presentaban, ya las circunstancias mismas de una guerra tan difícil, y ya la insolencia de algunos oficiales descontentos del exército, llegó á ponerse al frente de las tropas Francesas, que no pudiendo retirarse, se vieron obligadas al trance de una batalla.
Así las borrascas con que el Euro subleva las olas de Hesperia vayan a caer sobre los bosques de Venusa, salvando tu vida, y el benigno Júpiter y Neptuno, protector de la ciudad sacra de Tarento, te enriquezcan con toda especie de lucrativas ganancias.
Ganó varias victorias sobre las naciones de la Italia meridional, causando numerosas derrotas a las legiones de Brucia y Lucania, capturando la ciudad de Heraclea, un asentamiento de colonos de Tarento, tomando Potenza a los lucanos, Siponto a los apulios, Consenza y Terina a los brucios y otras ciudades de los mesapios y lucanos.
Poco después, cuando los autores de las falsas acusaciones se hubieron trasladado a Tarento, comenzaron a ver cómo habían sido engañados; pero era demasiado tarde, los acontecimientos se les habían ido de las manos y no les quedaba más que el arrepentimiento inútil.
Mientras ambas partes estaban haciendo los preparativos para la batalla, una delegación de Tarento se presentó en escena con una demanda perentoria por la que tanto samnitas como romanos debían desistir de las hostilidades.
Cuando de repente vieron a los romanos dispuestos para la batalla, gritaron que debían actuar de acuerdo con las instrucciones de los tarentinos; que ni bajarían al campo de batalla ni llevarían sus armas fuera de su empalizada, que preferían que se aprovecharan de ellos y darles todas las oportunidades posibles que permitir que se pensase que se burlaban de los pacíficos consejos de Tarento.