Tías

Tías

 
Mun. de la prov. española de Las Palmas, en la isla de Lanzarote; 12 684 h.
Ejemplos ?
Tras ellos habían pasado a manos extrañas inmensos trigales de Castilla, arrozales de Valencia, caseríos de las provincias del Norte, toda la hacienda principesca de los antiguos condes de Sagreda, a más de las herencias de varias tías solteronas y devotas y de los fuertes legados de otros parientes muertos de vejez en sus vetustos caserones.
La Marquesa de Tor, con el gesto familiar y desabrido que solían adoptar para hablarme todas mis viejas y devotas tías, me llamó al hueco de un balcón: Me acerqué reacio porque nada halagüeño presagiaba.
Como es natural, le conté inmediatamente a mi tía el dichoso resultado de nuestra charla y la puse al corriente de todos los detalles. Se sentía feliz al verme tan dichoso, y me prometió ir cuanto antes a ver a las tías de Dora.
No hablaban ni cantaban, sólo se oía un murmullo sordo y un ruido ligero en toda la iglesia. Una de sus tías difuntas se acercó a ella y la dijo: -Mira hacia el altar y verás a tus hijos.
"Mi esposa tiene dos tías que son señoritas ya grandes, y que de ves en cuando las llevamos al cine o a cenar, o las sacamos a distraer cuando el tiempo me lo permite, que es muy de vez en cuando.
El otro día íbamos en mi coche, mi esposa adelante y las dos tías atrás. Yo iba manejando cuando de pronto oigo un golpe, me extraño y volteé, y era una de mis tías tirando su basura en plena calle.
Pero era tan simpático, tan amigo de divertirse, tan perdidillo, que se ganó las voluntades sin tardanza, y toda la odiosidad concentrada en sus tías fue cariño e indulgencia para él.
Octavien confesaba que la realidad no le seducía en absoluto, no porque tuviera sueños de colegial llenos de azucenas y rosas como un madrigal de Demoustier, sino porque en torno a cualquier belleza había demasiados detalles prosaicos y merecedores del mayor de los rechazos; demasiados padres chochos y condecorados; madres coquetas, que llevaban flores naturales en cabellos postizos; primos coloradotes y meditabundos; tías ridículas, enamoradas de perritos emperifollados...
-gritó el viejo duende-. Acabo de procurarles una madre, y ustedes pueden elegir a la que les guste de las tías. Pero los jóvenes replicaron que preferían pronunciar un discurso y brindar por la fraternidad.
Que la silla de postas nos espera; que Dora va a cambiar de traje; que mi tía y miss Clarissa se quedan con nosotros; que nos paseamos por el jardín; que mi tía, en el almuerzo, ha hecho un verdadero discurso sobre las tías de Dora, y que está encantada y hasta un poco orgullosa de su hazaña.
De todos modos tenía la seguridad de que estaría muy bonita; pero sucedió que nunca me había parecido tan encantadora. No estaba en el salón cuando presenté a Agnes a sus dos tías; había huido por timidez.
Mi tía revolucionaba todas las ideas de las tías de Dora con su desdén por los coches de alquiler, que no utilizaba nunca, prefiriendo ir a pie hasta Putney, y por su modo despreocupado de juzgar los prejuicios de la civilización, llegando a horas intempestivas, un momento después del desayuno, o un momento antes del té, o porque se ponía el sombrero del modo más extraño, con el pretexto de que le resultaba más cómodo.